Homenaje a nuestro camarada Jerry Grevin

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Nuestro camarada Jerry Grevin, militante desde hace muchos años de la sección de EEUU de la CCI, falleció repentinamente por un infarto de miocardio el 11 de Febrero de 2010. Su temprana muerte es una trágica pérdida para nuestra organización y para todos aquellos que le conocieron: su familia ha perdido un querido y cariñoso marido, padre y abuelo; sus compañeros del instituto donde enseñaba han perdido un apreciado colaborador; sus camaradas militantes de la CCI, en su sección y en todas las demás del mundo, hemos perdido un camarada muy querido y entregado a la lucha comunista.

Jerry Grevin nació en 1946, en Brooklyn, en una familia obrera de segunda generación de inmigrantes judíos. Sus padres estaban imbuidos de un espíritu crítico que llevó primero a entrar y después a salir del Partido Comunista de EEUU. El padre de Jerry quedó profundamente impactado por la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, de la que fue testigo como miembro de las fuerzas de ocupación USA al final de la IIª guerra mundial; aunque nunca habló de su experiencia y su hijo solamente supo de ella mucho después, Jerry estaba convencido de que eso había profundizado el espíritu antipatriótico y anti-belicista que heredó de sus padres.

Una de las mejores cualidades de Jerry, que nunca perdió, era su ardiente y firme indignación frente a todas las formas de injusticia, opresión y explotación. Desde muy temprano tomó parte enérgicamente en las grandes causas sociales de su época. Participó en el CORE (Congress of Racial Equality) en la organización de manifestaciones contra la segregación y la desigualdad racial en el sur de EEUU. Esto implicaba un gran coraje, puesto que los activistas y los manifestantes eran habitualmente insultados y golpeados, e incluso asesinados; y Jerry, puesto que era judío, no era sólo un luchador contra los prejuicios raciales, sino que él mismo era objeto de esos prejuicios[1].

Para su generación, especialmente en EEUU, el otro asunto vital del momento era la oposición a la guerra del Vietnam. Exilado a Montreal en Canadá, Jerry fue impulsor de uno de los varios comités que se organizaron como parte del "Second Underground Railroad"[2] que surgió para ayudar a los desertores del ejército USA a escapar de EEUU y a llevar una nueva vida en el extranjero. Emprendió esta actividad, no como un pacifista, sino con la convicción de que la resistencia al orden militar podía y debía ser parte de una lucha de clases más amplia contra el capitalismo, participando en una publicación militante que duró poco tiempo: Worker and Soldier (Obrero y soldado). Muchos años después, Jerry tuvo oportunidad de acceder a una copia celosamente censurada de su expediente del FBI: su tamaño y detalle -el archivo fue regularmente actualizado mientras fue un militante de la CCI- le proporcionaron algunos buenos ratos, cuando hacía cáusticos comentarios a expensas de los que piensan que la policía y los servicios de inteligencia no se molestan en prestar atención a los pequeños e "insignificantes" grupos de militantes actuales.

A su regreso a EEUU en los años 70, Jerry encontró trabajo como técnico de telefonía en una de las mayores compañías. Eran tiempos turbulentos de lucha de clases, ya que la crisis económica empezaba a dejarse sentir, y Jerry estuvo involucrado en grandes luchas y pequeñas escaramuzas en su centro de trabajo, al mismo tiempo que participaba en una publicación llamada Wildcat, que abogaba por la acción directa y que era la prensa de un grupo que tenía el mismo nombre. Aunque después llegaría a desencantarse del inmediatismo de Wildcat y su falta de perspectivas más amplias y a largo plazo -fue la búsqueda de esas perspectivas lo que le llevó a unirse a la CCI- la experiencia directa, a pie de taller, que tuvo, junto a sus brillantes capacidades de observación y una actitud comprensiva hacia las debilidades y prejuicios de sus compañeros, le dieron una profunda visión de cómo la conciencia se desarrolla concretamente en la clase obrera. Como militante de la CCI, a menudo ilustraba sus argumentos políticos con vívidas imágenes de su propia experiencia.

Una de ellas describía un incidente en el Sur de EEUU, donde su grupo de compañeros telefónicos de NYC había sido enviado para un trabajo. Un obrero negro del grupo había sido culpado por los patronos de supuestos delitos menores; los de Nueva York salieron en su defensa para sorpresa de sus compañeros del Sur: «¿Porqué molestarse?», se preguntaban, «es sólo un negro». A esto, uno de los obreros de Nueva York replicó vigorosamente que el color no importa, que los obreros eran todos obreros juntos, y que tenían que defenderse uno a otro contra los patronos. «Pero lo realmente destacable», decía Jerry, «es que este tío, que era el más decidido en la defensa del obrero negro, era conocido en el grupo de compañeros como un racista que se había trasladado a Long Island para evitar vivir en una barriada negra, y que muestra que la lucha de clases y la solidaridad es el único antídoto real al racismo».

Otra historia que le gustaba contar era la de su primer encuentro con la CCI. Para citar las palabras de tributo personal de un camarada: «Como le oí decir un millón de veces, era "un joven inmediatista e individualista" (como se definía a sí mismo), que escribía artículos sólo y los distribuía, cuando encontró por primera vez a un militante de la CCI, y fue cayendo en la cuenta de que la pasión revolucionaria sin organización sólo puede ser una ardiente llama efímera de juventud. Fue entonces cuando el militante de la CCI le planteó: "vale, escribes y eres marxista; pero ¿Qué haces por la revolución?". Jerry contaba a menudo esta historia y decía que la noche siguiente no pudo dormir. Pero fue una noche en blanco que trajo un tremendo fruto». Muchos se hubieran desalentado ante el franco comentario de la CCI, pero no Jerry. Al contrario, esta historia (que contaba divertido ante su propio estado mental de entonces) revela otra faceta del carácter de Jerry: su capacidad de aceptar la fuerza de los argumentos y cambiar de idea cuando se sentía convencido por posiciones diferentes -una inestimable cualidad en el debate político, que es la sabia de una verdadera organización política proletaria.

Así también, la contribución de Jerry a la CCI ha sido inestimable. Su conocimiento del Movimiento Obrero en América era enciclopédico; su pluma ágil y su verbo animado hicieron viva esta historia para nuestros lectores en sus muchos artículos para nuestra prensa de los EEUU (Internationalism) y para la Revista Internacional. También tenía una notable comprensión de la vida política y la lucha de clases actual en EEUU, y sus artículos de actualidad, tanto en nuestra prensa como en nuestros boletines internos, han provisto de valioso contenido nuestra comprensión de la política de la mayor potencia imperialista mundial.

Igualmente importante fue su contribución a la vida interna de la CCI y su integridad organizacional. Durante muchos años ha sido un pilar de nuestra sección norteamericana, un camarada con el que se podía contar cuando las cosas se ponían difíciles. Durante los desalentadores años 90, cuando todo el mundo -pero quizás especialmente EEUU- estaba sumido en la propaganda sobre la "victoria del capitalismo", Jerry nunca perdió su convicción en la necesidad y la posibilidad de una revolución comunista, nunca dejó de extender la mano a sus compañeros o a los raros nuevos contactos de la sección. Su lealtad a la organización y a sus camaradas fue inquebrantable, tanto más cuanto que, como planteaba él mismo, era la participación en la vida internacional de la CCI lo que le infundía coraje y le permitía "cargar las pilas".

En un plano más íntimo, Jerry era también un hombre extraordinariamente divertido y un conversador particularmente dotado. Podía mantener -y a menudo lo hacía- una audiencia de amigos o camaradas riendo durante horas sin parar, a menudo con historias sacadas de su propia observación de la vida. Aunque sus anécdotas a veces esparcían vitriolo para los patronos o la clase dominante, nunca eran crueles o hirientes. Al contrario, revelaban su afección y simpatía por el género humano y al mismo tiempo la extraña habilidad de reírse de sus propias debilidades. Esta apertura hacia los demás era sin duda una de las cualidades que hacían de Jerry un impresionante (y apreciado) profesor -una profesión a la que llegó ya tarde en la vida, cuando tenía más de cuarenta años.

Nuestro tributo a Jerry estará incompleto si no mencionásemos su pasión por la música Zydeco -Cayun- (un género musical cuyo origen son los criollos de Luisiana, que aún lo interpretan). Lo conocían en los festivales de Luisiana y estaba orgulloso de poder ayudar a las nuevas bandas a actuar en NYC. Así era Jerry en todo: entusiasta y enérgico en todo lo que emprendía, abierto y cálido para con los demás.

La pérdida de Jerry se hace aún más terrible si cabe, porque sus últimos años fueron de los más felices para él. Estaba encantado de ser el abuelo de un nieto al que adoraba. Políticamente veía el desarrollo de una nueva generación de contactos alrededor de la sección en EEUU de la CCI y se había lanzado al trabajo de correspondencia y discusión con su acostumbrada energía. Esa dedicación empezó a dar sus frutos en los Days of Discussion (Jornadas de discusión) que tuvieron lugar en Nueva York sólo unas semanas antes de su muerte, y que reunieron a jóvenes camaradas de toda USA, muchos de los cuales se encontraban por primera vez. Jerry estaba encantado y consideraba esta reunión, con todas las esperanzas para el futuro que representa, una de las cimas de su actividad militante. Es de recibo pues, que dejemos la última intervención sobre Jerry a dos jóvenes camaradas que tomaron parte en los Days of Discussion: Para JK «Jerry era un camarada de toda confianza y un amigo entrañable... Los conocimientos de Jerry sobre la historia del Movimiento Obrero en USA; la profundidad de su experiencia personal en las luchas de los años 70 y 80 y su compromiso para mantener viva la llama de la Izquierda Comunista en USA los años difíciles que siguieron a la llamada "muerte del comunismo" son incomparables». Para J «Jerry fue una especie de mentor político para mí el último año y medio. Y era también un amigo muy querido (...) Siempre tenía ganas de hablar y ayudar a los camaradas más jóvenes a aprender cómo intervenir y a comprender las lecciones históricas del Movimiento Obrero. Su memoria vivirá en todos nosotros, en la CCI y  en el resto de la clase obrera»

CCI

 

 

 


[1] En un infame caso en 1964, tres jóvenes activistas por los derechos civiles (James Chaney, Andrew Goodman y Michael Schwerner) fueron asesinados por policías y miembros del Ku Klux Klan. Dos de los activistas eran judíos de NYC

[2] El nombre de "Underground Railroad" (tren clandestino) era una referencia a la red de casas de acogida y ayuda antiesclavistas que proliferaron antes de la guerra civil americana para ayudar a los esclavos que escapaban a huir al Norte y a Canadá

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