Pakistán: El nuevo frente imperialista de Obama

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Barack Obama declaró su intención de bombardear en territorio pakistaní antes incluso de ser elegido presidente

«Están planeando atentar de nuevo. Fue un terrible error no actuar cuando tuvimos la oportunidad de romper una reunión de la cúpula de Al Qaeda en 2005. Si tenemos información que permita llevar a cabo operaciones sobre objetivos terroristas de alto valor y el Presidente Musharraf no quisiera actuar, nosotros lo haremos» (Guardian, 01.08.08) «El Sr. Obama... dijo que el Presidente George Bush había elegido el campo de batalla equivocado en Irak y que debería haberse concentrado en Afganistán y Pakistán. Dijo que él no dudaría en usar la fuerza para destruir a quienes fueran una amenaza para Estados Unidos y que si el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, no actuara, él lo haría» (Id. 04.08.08)

El presidente Musharraf dimitió el pasado mes de Agosto y desde entonces hemos asistido a un deterioro cualitativo de la situación de la seguridad nacional. A Musharraf le sucedió el marido de la asesinada Benazir Bhutto, Asif Zardari, notoriamente corrupto. Los atentados en Mumbai en Noviembre del año pasado[1] marcaron una escalada de las tensiones imperialistas. India tuvo bien claro a quien culpar de los ataques. Pakistán por su parte, sufrió sus propios atentados cuando un grupo de activistas atacó al equipo de críquet de Sri Lanka, causando muchos heridos y al menos 6 soldados muertos.

 Más recientemente fue asaltada una academia de policía en Lahore y ocupada brevemente por un grupo armado que arremetió contra todo a su paso con pistolas  y granadas. Al menos 12 personas murieron y luego siguió un periodo de 8 horas de enfrentamiento antes de que la policía retomara el control. Esto muestra las repercusiones de los bombardeos americanos en las regiones fronterizas: «Una presunta aeronave no tripulada estadounidense lanzó hoy dos misiles contra la supuesta guarida de un líder Taliban que había amenazado con atacar Washington. El ataque aéreo mató a 12 personas e hirió varias más, según dijeron fuentes oficiales. El bombardeo se produjo un día después de que el líder Taliban pakistaní Baitullah Mehsud reivindicara la responsabilidad del mortífero atentado en una academia de policía en la ciudad oriental de Lahore. Mehsud dijo que el atentado era la represalia por los lanzamientos de misiles estadounidenses contra supuestas bases terroristas en la frontera con Afganistán» (Guardian 01.04.09)

El efecto acumulativo de esta situación ha llevado a Islamabad a conceder la implementación de la sharia en la región de Swat. Esto muestra el debilitamiento del Estado de Pakistán, que tiene que hacer concesiones a otra forma de ley al interior de sus fronteras. Sumado a esto, la publicidad del video de la flagelación  pública de una joven se ha usado como parte de la campaña para justificar futuros ataques a Pakistán.

Los vínculos entre el Estado y los terroristas

 

Uno de los problemas clave que tiene el gobierno pakistaní para enfrentar a los Talibanes son los vínculos profundamente arraigados entre la Agencia de Seguridad pakistaní, el ISI, y algunos de los elementos yihadistas. Estas conexiones se forjaron al calor de la confrontación entre los bloques imperialistas ruso y americano, particularmente en los años 80, cuando los americanos financiaron la creación de una vasta fuerza yihadista en Afganistán: los Mujaidines. Tras la derrota de la URSS, muchos de estos combatientes evolucionaron para llegar a formar la base de los Talibanes. Nunca ha habido una neta ruptura entre el ejército pakistaní y los yihadistas. Cualquier intento de ruptura estaba destinado al fracaso, ya que el ejército es, en última instancia, la única fuerza capaz de mantener unido el Estado.

Tras los atentados de Mumbai, la entonces Secretaria de Estado Condoleeza Rice declaró que «todas las instituciones de Pakistán deberían ir en la misma dirección», dando a entender que el gobierno tenía que controlar los elementos díscolos en el ISI. A pesar de la gigantesca campaña sobre Obama que lo ha presentado como portador  del "cambio en el que hay que tener fe", se sitúa casi en perfecta continuidad con George Bush Jr. -de la misma forma que éste último implementó la política de invasión de Afganistán tramada por Bill Clinton.

Por lo que concierne a los Talibanes, el nombre se ha convertido en una  imagen de marca para distintas fuerzas. Los hay que quieren derrocar el gobierno para instalar el tipo de autoridad previamente visto en Afganistán. Muchos de ellos cruzan la frontera de un lado u otro para combatir en Afganistán o Pakistán según convenga.

También hay grupos tribales que nunca han aceptado ningún tipo de autoridad de Islamabad, particularmente en las regiones de Beluchistan y Waziristan. Después hay un creciente número de gente desesperada y hostigada, que no tiene ninguna esperanza de recibir educación o encontrar trabajo, y cuyos hijos a menudo acaban en las garras de las escuelas religiosas, las madrasas. De esa forma no hay escasez de gente para el reclutamiento -puesto que hay cerca de un millón de personas desplazadas en los confines de Pakistán. Se calcula que existen actualmente un millón y medio de niños en madrasas, donde esencialmente se les enseñan sólo los versos coránicos. En estas escuelas es donde los Talibanes hacen sus campañas de reclutamiento de suicidas, apoyados por el hecho de que, cada ataque de los Estados Unidos, mata civiles inocentes y crea por tanto un auténtico odio y deseo de venganza que los Talibanes pueden explotar. El torrente permanente de ataques al ejército con muertos ha aumentado; los últimos 5 años han sido abatidos 1500 soldados pakistaníes en combates con diferentes fuerzas insurgentes.

 

¿Cuáles son las perspectivas?

 

Hay un hundimiento vertiginoso en el caos. Estados Unidos teme realmente las consecuencias de un colapso de la administración civil. En particular es preocupante la cuestión del arsenal nuclear pakistaní. Estados Unidos ha afirmado belicosamente, que estaría dispuesto a una invasión para garantizar la seguridad de las bases, si considerara que eso concordara con sus intereses. Una invasión sería una provocación que empeoraría drásticamente la situación social.

También está la cuestión de las relaciones entre Pakistán y la India, que ya eran suficientemente tensas antes de los atentados de Mumbai, tras los cuales muchas facciones han llamado abiertamente a bombardear Pakistán. Un ataque a Pakistán implicaría necesariamente a China (un apoyo clave de Pakistán) y también a Estados Unidos en la refriega, con desastrosas consecuencias para la región.

Contra esta tendencia sólo se opone el potencial de la lucha internacional de la clase obrera. En particular en esta región se han producido oleadas de luchas en Bangladesh, planteando así una auténtica alternativa proletaria frente a la catástrofe del capitalismo decrépito.

 

Graham., 01.04.09. Traducido de World Revolution, prensa de la CCI en Gran Bretaña


[1] http://en.internationalism.org/ci/2009/mumbai-slaughter; http://en.internationalism.org/wr/320/mumbai-india-pakistan

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