Francia: ¿Izquierda o derecha?, La burguesía es la que siempre gana las elecciones

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Versión para impresiónEnviar por emailComo en una jornada de sábado en las cajas de los hipermercados, largas colas se han amontonado ante los colegios electorales de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas. Efectivamente la tasa de participación ha sido de las más elevadas de todo el período de la Vª República, rozando el récord de 1965, año de instauración de la elección presidencial por sufragio universal. Al margen del resultado de los comicios, todos los medios de comunicación sin excepción han señalado que estas elecciones han representado un “…brillante triunfo de la democracia”.
La burguesía puede sentirse satisfecha de esta movilización ciudadana que, a su entender, supone un satisfactorio plebiscito de su sistema social.
Y para guinda del pastel nos cuentan, la tarde misma del 22 de Abril, que tan masiva participación ha permitido apear de la carrera electoral a Le Pen. Desde hace meses la burguesía ha insistido hasta la saciedad con una sola idea, ¡votad, votad! Reclutadores de todos los partidos, movimientos asociativos y ciudadanos, personalidades de todo pelaje, en particular de izquierda y extrema izquierda en todas sus variedades (raperos, cantantes, futbolistas e incluso actores), han recorrido el país y todas sus barriadas desde hace más de un año. Hoy día, la burguesía francesa alardea de haber inscrito en las listas electorales a más de tres millones de nuevos electores, sobre todo jóvenes.
Ante tal escenario los trabajadores debemos hacernos, al menos, un par de preguntas importantes: ¿de qué debemos alegrarnos?, ¿qué hemos ganado con esa votación que, supuestamente, ha servido para revitalizar la democracia?

Cuando la Izquierda prepara la cama a la Derecha,…

Recordemos como en las pasadas elecciones presidenciales en 2002, la Izquierda, invocando igualmente la “defensa de la democracia” llamó a participar masivamente votando a Jacques Chirac,  precisamente para “apartar a la extrema derecha” y, en ese sentido, “elegir el mal menor”. ¿Cuál ha sido el resultado de tal proposición? Cinco años plagados de ataques a nuestras condiciones de vida y trabajo: ataque contra el régimen de jubilaciones en 2002, eliminación de algunas ayudas sanitarias y aceleración del desmantelamiento de la protección social a partir de 2003, instauración de una nueva modalidad de contratación (CNE) en 2005 con lo que ha supuesto de aceleración y generalización de la precariedad laboral, multiplicación de las provocaciones policiales que acabaron en incidentes en muchas barriadas de las grandes ciudades, tentativa de imponer por la fuerza el famoso “Contrato de Primer Empleo” (CPE) en 2006, lo que movilizó a cientos de miles de jóvenes ( y no tan jóvenes) en las calles de toda Francia, planes de despidos a diestro y siniestro, congelación de los salarios y disminución del poder adquisitivo a lo largo de todo este período, aumento  brutal del número de los “sin techo” o de los que habitan infraviviendas, y, como colofón, gran cantidad de nuevas leyes represivas impulsadas por el Ministro del Interior, nada más y nada menos que el Sr. Sarkozy.
Hoy, de nuevo, organizan el mismo espectáculo, esta vez con el lema electoral “¡Todo menos Sarkozy!”. No olvidemos, sin embargo, que fue la Izquierda quien mediante su respaldo al clan Chirac en 2002, ha contribuido decisivamente a encumbrar a Sarkozy, lo que éste ha aprovechado para machacarnos a lo largo de todos estos años.
Pero tampoco esto es una verdadera novedad. Recordemos como en 1980, Mitterand y el Partido Socialista Francés (PSF), favorecieron la aparición del “fenómeno” Le Pen y el ascenso del Frente Nacional  (FN), al instituir un mecanismo electoral para los comicios legislativos que permitió al FN constituir su propio grupo parlamentario fragmentando así a la Derecha.  Y mucho antes en la historia, fue la socialdemocracia que gobernaba Alemania durante la llamada “República de Weimar” quién preparó el ascenso del nazismo, mediante el aplastamiento violento de la revolución en Alemania en 1919-1923. En definitiva la Izquierda ha sido siempre el colaborador necesario para el ascenso de la Derecha y la extrema-derecha.

¿Hay que tener miedo de Sarkozy?

Creer que la única opción es elegir “el mal menor”, como nos proponen la Izquierda y los izquierdistas, es una burda mentira. La burguesía francesa trata de utilizar el sentimiento de repulsa que provoca Sarkozy en los jóvenes, en las barriadas, en todas partes,… Para los trabajadores, la elección de Sarkozy como presidente de la República francesa, va a significar más paro y precariedad, disminución de las pensiones de  jubilación, hachazos brutales a la Seguridad Social y, sin duda, más represión. La inquietud ante todo este panorama esta plenamente justificada. Estos últimos meses, una  parte de los medios de comunicación burgueses ha señalado a Sarkozy como “elemento muy peligroso”, lo cual es muy cierto. El personaje es antipático, brutal, violento, soberbio, cínico, autoritario, en suma, un déspota. Pero la dureza de los ataques a las condiciones de vida y trabajo no depende, en lo esencial, de la personalidad de tal o cual dirigente del Estado burgués. Es la lógica misma del sistema capitalista la que empuja y obliga a todos sus políticos a adoptar
tales medidas.
Por lo general es verdad que las fracciones de Derecha de la burguesía son más proclives a desarrollar un lenguaje de “crudeza y verdad” y a imponer cruelmente las necesidades del capital nacional contra la clase obrera siempre en nombre de la defensa de la ley y el orden público. En cuanto a las fracciones de Izquierda, una de las características de su acción política, es la de apoyarse en un discurso más ideológico (sobre todo los socialdemócratas), mistificador e hipócrita para imponer esos mismos ataques a la clase trabajadora. A decir verdad, la Izquierda nada tiene que envidiar a la Derecha en cuanto a brutalidad en defensa de los intereses del Capital. Recordemos, por ejemplo, a Mitterrand, cuando haciendo gala del cinismo más asqueante justificó las masacres promovidas por el imperialismo francés en Ruanda en 1994, afirmando sin pestañear que «… los genocidios en esos lugares no tienen la menor importancia...». No le fue a la zaga otro “socialista de pro”, Rochad, que proclamó su doctrina, «Francia no puede acoger toda la miseria del mundo», que sirvió como excusa de las políticas contra los emigrantes y de expulsión de los trabajadores clandestinos, que luego desarrollaron los Gobiernos sucesivos, tanto de Derecha como de Izquierda. Y, en materia de represión, no olvidemos que bajo el Gobierno del “progresista”
Jospin, las cárceles ya se encontraban saturadas.

Dos candidatos y un solo programa: defender el capital contra la clase obrera

No podemos pues albergar la menor duda sobre la crudeza con que la Izquierda ataca a los trabajadores cuando detenta el poder. No hay diferencias sustanciales entre la Derecha y la Izquierda, y entre los gobiernos de unos y otros existe una total continuidad, y contra las medidas tanto de unos como de otros deben defenderse los trabajadores. En la “era Mitterrand” y con Gobiernos de coalición PS-PC (estalinista), el desempleo se disparó debido sobre todo a los planes de despidos masivos que azotaron todos los sectores industriales. Las “leyes Aubry” (del nombre de la ministra “socialista” que las promulgó), sobre la jornada de 35 horas fueron, en realidad, una mascarada para generalizar la flexibilidad en el trabajo y precarizar cada vez más las condiciones de trabajo de amplios sectores obreros. Cuando ha estado en el Gobierno, la Izquierda jamás ha dudado en congelar los salarios y disminuir el poder adquisitivo sobre todo para los propios funcionarios del Estado. Fue el Gobierno Rocard el que publicó el llamado “Libro Blanco” sobre las jubilaciones que puso las bases del ataque que se ha materializado en 2002, y el que implantó un nuevo impuesto – la llamada Contribución Social Generalizada – invocando la “solidaridad nacional”; un ministro “comunista” introdujo el pago obligatorio por prestaciones sanitarias. También fue la Izquierda la que multiplicó y generalizado los cursos de formación donde estabular a los jóvenes para proveer a las empresas de mano de obra “becaria”, gratuita o muy mal pagada. Directamente impulsadas por Gobiernos de Izquierda, o con su colaboración decisiva durante las etapas de “cohabitación” con la Derecha, han estado también las  medidas contra los parados, la reducción de los gastos para la sanidad o la agravación de la precariedad en los empleos.
La burguesía esta esperando a que acabe el período electoral para comenzar a desarrollar una nueva oleada de despidos y de suspensiones de empleo, para comenzar a suprimir regimenes especiales de jubilación y anunciar, en los próximos meses, una nueva reducción de la cuantía de las mismas. No tardará en anunciarnos nuevas medidas para desmantelar la Seguridad Social, para intentar aplicar nuevas fórmulas del Contrato de Primer Empleo (inspirado probablemente en el famoso “contrato de primera instancia” defendido por la “socialista” Royal). No cabe ninguna duda de que la clase obrera será atacada simultáneamente en todos los ámbitos de sus condiciones de vida y trabajo.
En la falsa disyuntiva “Derecha-Izquierda” del circo electoral, solo la burguesía tiene la palabra y el poder de decisión. Gana siempre las elecciones y los obreros jamás podemos esperar nada de esta mascarada.
Solo hay una forma de hacer oír nuestra voz y de expresar la defensa de nuestros intereses contra los ataques del capital: la lucha. Solo a través del desarrollo de nuestras luchas, desarrollando y manifestando activamente nuestra solidaridad de clase, expresando la unidad de nuestros intereses como clase explotada podremos desarrollar y construir una relación de fuerzas que haga retroceder los ataques capitalistas, tal y como recientemente lo han demostrado los jóvenes proletarios que el año pasado obligaron a la burguesía a retirar su proyecto de Contrato de Primer Empleo (CPE).
Esta opción, este camino del que ninguno de los partidos burgueses habla es diametralmente opuesto a la pseudo “movilización ciudadana” para la “defensa de la democracia” que nos conduce más que a el aislamiento, la atomización y a los callejones sin salida a los que pretende llevarnos la burguesía.
   REVOLUTION INTERNATIONALE, publicación de la CCI en Francia ;          Mayo 2007