Crónica de un debate en un Centrto social «okupado»

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Los días 3 y 4 de Junio, el CSO “L’Horta” en Valencia organizó unas Jornadas Libertarias en las que nos invitó a dar una charla sobre las recientes movilizaciones de los estudiantes en Francia (ver nuestras «Tesis» en ccionline/2006_tesis ).

 

Hicimos una breve presentación insistiendo en tres aspectos:

 

1.- Los ataques, como el que se ha lanzado contra los jóvenes en Francia (el CPE), no son un hecho aislado o particular de tal o cual país, sino que revelan que el único futuro que puede depararnos el capitalismo es una miseria y una barbarie cada vez más insoportables. La inquietud que genera ese futuro es el caldo de cultivo en el que crece la combatividad, sobre todo en los sectores más jóvenes de la clase obrera. La lucha de los compañeros en Francia es la evidencia de que los obreros no se resignan frente a esa condena sino que retoman el camino de las luchas.

 

2.- Lo que le ha dado fuerza al movimiento de la “primavera francesa” ha sido sobre todo la lucha por la solidaridad y por la unidad (con estudiantes de otras universidades, pero también con profesores, administrativos, limpiadores de las facultades, etc.; con los asalariados de las fábricas pero también con los parados o los sectores excluidos en las barriadas francesas; con los estudiantes de enseñanza media pero también con los trabajadores de la generación de sus padres y abuelos). Si la búsqueda de la solidaridad ha sido la principal motivación de las acciones de los estudiantes (desde poner buzones de sugerencias para que se pudieran hacer propuestas a la lucha; hasta la convocatoria de manifestaciones multitudinarias, etc.), las Asambleas han sido el pulmón de la lucha, lo que ha materializado ese sentimiento de fuerza basado en la discusión y la decisión colectivas, la forma de abrir la lucha a las aportaciones de otros sectores obreros, etc.

 

3.- Esa fuerza colectiva ha permitido a estudiantes ir enfrentando el sabotaje que ha intentado el Estado: el corporativismo, la tentativa de encuadrar la lucha mediante los sindicatos, finalmente la estrategia de “pudrimiento” tratando de llevar la lucha al terreno de las confrontaciones violentas y minoritarias, etc.,...

 

A partir de esta presentación se planteó un debate en el que no sólo pudimos entrar a desarrollar más algunos aspectos de la “primavera francesa”, sino que abordamos también cuestiones más generales sobre la situación actual de la sociedad y la forma y los medios de lucha con los que enfrentarnos al capitalismo. Resumimos a continuación las cuestiones que se debatieron:

 

Los llamados medios de comunicación son en realidad medios de incomunicación y manipulación

 

Lo primero que se constató fue “la conspiración de silencio” organizada por la burguesía sobre estas luchas, cuyos elementos más esenciales han sido escrupulosamente ocultados, o bien intencionadamente manipulados (como “centrar” los reportajes televisivos únicamente en los enfrentamientos minoritarios con la policía). Cuando se lucha contra los intereses capitalistas, los medios de “comunicación”, la “prensa libre”, juegan su papel al servicio de los explotadores, tratando de generar una “opinión pública” ajena, indiferente u hostil a la lucha. Pero no hay que resignarse ante este “sabotaje” informativo. La propia lucha debe asumir el darse a conocer en otros sectores de la clase obrera, como hicieron los estudiantes en Francia que enviaron delegaciones a las fábricas, a los supermercados, a las barriadas; como han hecho recientemente los obreros del metal en Vigo (ver ccionline/2006/vigo.htm ). Por nuestra parte, hacemos todo lo posible por dar a conocer las verdaderas lecciones de esta lucha. De ahí, como dijimos, nuestra propia presencia en esta charla.

 

El movimiento de los estudiantes una perspectiva para los jóvenes de las barriadas francesas

 

Se planteó la relación entre estas movilizaciones de la primavera francesa y las revueltas que tuvieron lugar en Noviembre del año pasado en las barriadas periféricas de las ciudades de ese país. Partimos de que el origen de ambas es común: las condiciones de vida cada vez más insoportables que el capitalismo nos hace sufrir. Pero sí la causa es común, la respuesta ha sido completamente distinta. Mientras que en Noviembre lo que primaba era la rabia desesperada, la pérdida de confianza en poder cambiar ese destino, o descargar ciegamente esa furia incluso contra otros compañeros (los bomberos que acudían a apagar los fuegos, los coches de los vecinos que viven en las mismas barriadas, los colegios o las instalaciones que son el fruto de años de plusvalía robada a los trabajadores,...), en las movilizaciones de la primavera francesa lo que importaba era precisamente sumar fuerzas de otros sectores para echar abajo los ataques capitalistas, reflexionar sobre los verdaderos culpables de la miseria y la degradación general de nuestras condiciones de vida, etc.

 

En relación con lo anterior surgió una discusión sobre la violencia, no tanto en cuanto a la lógica necesidad de autodefensa de las reuniones o manifestaciones obreras, sino en cuanto a cómo evitar la trampa urdida por el Estado para, mediante provocaciones, desviar la combatividad obrera hacia enfrentamientos minoritarios, en las que llevamos todas las de perder porque intimidan a otros trabajadores y porque en la “guerrilla urbana”, la policía tiene todas las de ganar. A esa trampa, las propias luchas de Francia, como la reciente huelga del metal en Vigo han mostrado cómo responder: evitando quedarse en el encierro de la Sorbona en el primer caso, o convocando una concentración masiva ante el Palacio de Justicia para sacar a los detenidos en el caso de la segunda.

 

La crisis de sobreproducción del capitalismo

 

Como decíamos antes, el debate no se centró, únicamente en las lecciones de la “primavera francesa” sino que nos adentramos en aspectos más generales sobre la situación actual. Surgió una discusión sobre si el capitalismo estaba o no en crisis. Se planteó que cuando no paran de crecer las ganancias de las multinacionales, de los especuladores, cuando “sobran” viviendas, alimentos,... parece difícil hablar de “crisis capitalista”. A esta cuestión aportamos 2 argumentos:

 

1º En los periodos de crisis se acentúa la diferencia entre una minoría cada vez más rica y una inmensa mayoría cada vez más pobre. En particular, el capital, para evitar la caída de su tasa de ganancia incrementa la explotación de los trabajadores hasta límites insospechados;

 

2º A diferencia de las crisis de modos de producción anteriores como el feudalismo o el esclavismo, la crisis histórica del capitalismo es una crisis de sobreproducción. Mientras los sistemas sociales que precedieron al capitalismo entraban en crisis por escasez y penuria de la producción, éste entra en crisis por todo lo contrario: por exceso de producción. Precisamente por ello puede mostrar ese aspecto contradictorio entre una apariencia de “exceso” de mercancías (la técnica y la producción social permiten hoy satisfacer objetivamente las necesidades de la humanidad) y una penuria creciente de las condiciones de vida de una parte cada vez mayor de la humanidad, debido precisamente a la apropiación privada de esa producción. Liberar la satisfacción de las necesidades humanas de las leyes de la mercancía y la acumulación capitalista, es la única alternativa para la supervivencia de la humanidad y del planeta mismo.

 

Se debatió también como “frenar” esas tendencias criminales del capitalismo y si estas eran propias únicamente de determinados sectores de los explotadores (los especuladores, las multinacionales, etc.) que sometían al Estado democrático a sus intereses. Nosotros planteamos que esas tendencias eran intrínsecas del modo de producción capitalista, y que cualquier ilusión en que el Estado “defendiera” los intereses sociales frente a los capitalistas más poderosos es una vana ilusión. Primero porque en la sociedad actual el Estado es el gestor colectivo de los intereses del capital nacional. Por otra parte la “leyenda” de que, en Europa, el Estado frena a los capitalistas, a diferencia de lo que se supone que pasa por ejemplo en Estados Unidos, es pura patraña. Precisamente la burguesía francesa ha sido la que más se ha significado en la defensa de esa supuesta diferencia entre la “vieja Europa” y el “capitalismo salvaje” norteamericano, y ya vemos como ataca salvajemente a los trabajadores.

 

¿Por qué los sindicatos venden a los trabajadores?

 

Pudimos entrar también a debatir el papel de los sindicatos. Todos los asistentes mostramos una coincidencia en que estos no defienden los intereses de los trabajadores. La discusión se situó, en cambio, en si actuaban así porque defendían sus propios intereses y sus privilegios (las prebendas de las que disfrutan los delegados sindicales) o sí en realidad, como dijimos, desde hace casi un siglo los sindicatos defienden, en todas partes, los intereses del Estado capitalista en el que están integrados. Planteamos que había que sacar lecciones del sinfín de experiencias de sindicatos que habían incluso renunciado a esos privilegios particulares y que se presentaban como “democráticos”, “asamblearios”, etc. pero cuya acción en la práctica no son diferentes de la de todos los sindicatos: someter las necesidades obreras a los intereses del capital nacional, y cuando estalla la combatividad obrera sabotearla llevando las luchas al aislamiento, la derrota y la desmoralización.

 

¿Cómo luchar?

 

Entonces ¿cómo luchar contra el sistema? Lo primero que tratamos de clarificar es que esa lucha era posible. Que hay que combatir la desmovilización que trata de propagar la burguesía que presenta lo de Francia como un episodio aislado o circunstancial de ese país, y que «mientras los jóvenes franceses están de movilización, aquí estamos de “botellón”». Ya hemos respondido a esa idea patrocinada, al igual que el propio “botellón”, por la burguesía (ver ¿En Francia movilización y en España botellón? en ccionline/2006/botellon.htm), y en esta charla insistimos en que a diferencia de esa imagen de conformismo con la que los explotadores quieren que nos veamos, lo cierto es que la “primavera francesa” es un momento muy importante de una movimiento de luchas que se ha manifestado desde Gran Bretaña a la India, desde el metro de Nueva York a SEAT o el metal de Vigo, contra la degradación de las pensiones de jubilación y también contra la precariedad laboral, porque todos los sectores de la clase obrera se están viendo atacados en todos los planos (ver la Editorial de nuestra Revista Internacional nº 125: rint/2006/125_nueper ). En este resurgir de las luchas tiene un especial protagonismo la joven generación proletaria que se está incorporando al trabajo y también a la lucha, y que en muchos casos está “tirando” de los obreros más veteranos. El hecho de que pueda plantearse la solidaridad y la unión de las dos generaciones obreras en la lucha es vital para reconocer que somos todos una misma clase obrera, y que todos compartimos un mismo interés contra la explotación y una misma perspectiva revolucionaria para la humanidad.

 

¿En quién podemos confiar nuestra lucha? Se planteó si cabría esperar algo de los movimientos aparentemente “revolucionarios” que se están dando en América Latina, con el “socialismo” de Chávez y Castro o la “defensa de los pobres” de Morales. Explicamos que ese engaño de presentarse como alternativa al “gran mal” que sería el imperialismo USA, o las multinacionales petroleras es ya muy viejo (recordamos por ejemplo el “socialismo” chino, los sandinistas, etc.,...). Por mucho que los medios de comunicación traten de vendernos nuevos “salvadores del pueblo”, lo cierto es que estos son tan perros guardianes del orden burgués como los demás explotadores como se puede ver en Venezuela, o como recientemente ha demostrado el propio Morales (ver “Evo al desnudo” ccionline/2006_evo ). La clase obrera sólo puede contar consigo misma, con la fuerza que le proporciona su unidad y su conciencia, como armas para oponer al capital.

 

Ya hacia el final del debate surgieron otras muchas cuestiones, como por ejemplo si no sería preferible una alternativa individual o “gradualista” de pequeños pasos para tratar de escapar de este sistema explotador. Es lógico que puedan aparecer este tipo de planteamientos, no tanto porque haya una confianza real en que el sistema te “deje” vivir otro tipo de trabajo, de relaciones humanas, etc., sino porque la inmensidad de la tarea de acabar con el capitalismo la hace parecer utópica. Sin embargo es la única posibilidad para la humanidad. También la impaciencia de sectores más jóvenes que no han visto, aún, manifestaciones concretas de la fuerza que es capaz de demostrar un movimiento de masas del proletariado puede inducir este tipo de sentimientos de impotencia. No sabemos, dijimos, cuando llegarán esos movimientos, lo que sí es seguro es que están madurando en las entrañas de la sociedad, y que afloran cada vez más abiertamente en luchas como las de la “primavera francesa”. El papel de los compañeros que se rebelan contra esta sociedad no es el de organizar artificialmente tales movimientos, sino el de prepararlos políticamente sacando las lecciones de las luchas anteriores, que constituirán un auténtico tesoro en las luchas de mañana.

 

Una experiencia muy estimulante

 

La opinión de todos los asistentes era que había sido muy interesante, que durante casi dos horas habíamos podido mantener un debate franco y abierto, sobre preocupaciones que como clase obrera (asalariado, precarios, hijos de familias obreras,...) tenemos todos.

 

Por nuestra parte queremos agradecer el respeto, la atención y la participación de muchos de los más de 20 asistentes, a pesar de indudables diferencias ideológicas (el hecho mismo de que estuviera convocada en el marco de unas “Jornadas libertarias”, cuando nosotros nos reclamamos del marxismo), de la falta de información que había respecto al movimiento de Marzo- Abril o de su aparente falta de “actualidad”. El hecho de que trabajadores de distintas generaciones, o de diferentes “ambientes” (nosotros una organización revolucionaria, ellos un Centro Ocupado) podamos discutir, exponer y escuchar argumentos, pero también dudas, desacuerdos, nos reafirma en que es a través de ese debate como se puede ir desarrollando la clarificación y la conciencia en el seno del proletariado, de ahí que reiteramos nuestra disposición a acudir cuantas veces nos llamaran para este tipo de debates, y no únicamente circunscritos a cuestiones relacionadas con movilizaciones obreras. Habíamos previsto por ejemplo quedarnos a la charla posterior sobre “Antipsiquiatría” que lamentable no pudo tener lugar.

 

Finalmente les invitamos a seguir reflexionando, por ejemplo a través de nuestras publicaciones, de las que donamos algunos ejemplares para la biblioteca del centro o para que las distribuyeran si así lo creían conveniente.

 

Una vez más queremos saludar esta iniciativa, y animar a que cunda el ejemplo, para el que podéis contar, desde luego, con nuestra colaboración más entusiasta.

 

Acción Proletaria (Corriente Comunista Internacional).