Evo al desnudo

Versión para impresiónEnviar por email

En las Tesis sobre Feuerbach, Marx y Engels dicen que «es en la práctica donde se comprueba la verdad de una teoría», la verdad del “socialismo del siglo XXI” que predica el Señor Chavez y al que se ha apuntado el Señor Morales, puede evaluarse a la luz de una noticia aparecida el 13 de junio, confirmada por numerosas agencias de prensa, que, extractada en sus pasajes esenciales, dice así « BOLIVIA: ABREN FUEGO SOBRE LOS SIN TECHO: Gobierno de Evo Morales advierte que usará la bala y el Ejército para defender la ley y la propiedad privada», líneas más abajo se recogía «El gobierno del presidente Evo Morales justificó la represión armada de militares y policías contra pobladores Sin Techo en la zona este de la ciudad de Oruro, que dejó como saldo un muerto a bala, varios heridos y detenidos. "La orden la di yo, y la asumo como ministra de Gobierno", dijo Alicia Muñoz, que fue respaldada en el cargo por Morales». Dicha señora añadía « Soy ministra de Gobierno y para eso me pusieron al cargo y al frente, para hacer respetar las leyes y para sentar el principio de autoridad», advirtiendo que «el gobierno usará la fuerza para defender la propiedad privada».

 

Estos sagrados principios capitalistas han sido defendidos de forma contundente: «Las tropas arrasaron y destruyeron las chozas y asentamientos muy precarias que habían levantado los centenares de vecinos, casi todos muy pobres y con muchos hijos, y que trataron de resistir con piedras y palos, la decisión de la Corte Superior de Distrito Judicial de Oruro ejecutada con armas de fuego, golpizas y bombas de gas lacrimógeno por las fuerzas del orden». Esta brutalidad no ha logrado impedir, sin embargo, que «tras la acción represiva, los Sin Techo y grupos de trabajadores mineros retomaron varios de los predios en disputa y volvieron a los asentamientos, esta vez armados con dinamita y dispuestos a defender los terrenos en los que quieren construir sus precarias viviendas».[1]

 

La verdad sobre las “reformas” del Señor Morales

 

No nos sorprenden estas noticias. La historia del siglo XX está repleta de gobiernos “populares” y “revolucionarios” que no dudaron en disparar contra los explotados: Azaña, presidente de la República española dio la orden de “disparar a la barriga” en la masacre de jornaleros en Casas Viejas (Cádiz, enero de 1933); Allende, presidente “socialista” de Chile utilizó el ejército contra los mineros en huelga de El Teniente (1971) o los pobladores (ocupantes de terrenos para construirse pequeñas chabolas) en Santiago, 1972. Poco después el ejército “revolucionario” portugués lanzaba sus tropas contra los huelguistas de la TAP, calumniados encima como “agentes de la reacción” (1975).

 

Los medios de “izquierda radical” nos venden la “alternativa” constituida por el Trío Bolivariano de Castro, Chavez y Morales[2] que se opondría  al “Trío de las Azores” formado por los Señores Bush, Blair y Aznar. Sus gesticulaciones grandilocuentes contra “el imperialismo”, sus aparatosas medidas “contra las multinacionales”, sus llamamientos “incendiarios”, son jaleados como “revolucionarios”. Sin embargo, estos individuos –aunque representan intereses imperialistas actualmente opuestos a Estados Unidos- coinciden con ellos en la defensa del Estado, del Capital, y, como la Señora Ministra recordaba, del “principio de autoridad” y de la propiedad privada.  Esta defensa acérrima les mueve a coincidir igualmente con su rival Bush en la lucha contra el proletariado y el conjunto de la población oprimida para quienes tienen «armas de fuego, golpizas y bombas de gas lacrimógeno», como hemos podido comprobar una vez más en Oruro.

 

Podemos ver en qué consisten las “reformas” del Señor Morales analizando dos de ellas, muy celebradas por la izquierda: la “reforma agraria” y las medidas de “nacionalización” tomadas contra las “multinacionales” del petróleo.

 

La primera ha consistido en «Sin tocar los grandes latifundios ni la propiedad de los grandes clanes familiares que son dueños y señores de la tierra en Bolivia, el presidente Evo Morales anunció este sábado la redistribución de 2,2 millones de hectáreas de tierras fiscales entre las comunidades indígenas y campesinas. No se confiscan ni se arrebatan las tierras de los terratenientes y hay, desde el gobierno, expresas garantías para ellos» (www.econoticiasbolivia.com, nota de 4-6-06). A los campesinos se les entrega tierras sin valor que no les asegura una mínima subsistencia, por lo que, como denuncia un grupo de ingenieros agrarios, «el éxodo a las grandes ciudades y a la emigración, va a continuar». James Petras, teórico de la izquierda americana, se ve obligado a reconocer que semejante “revolución” está basada «en la expropiación de tierras subutilizadas, que excluirá las grandes propiedades agroindustriales, productivas y provechosas, de los fértiles llanos de Santa Cruz. En cambio, se propone distribuir tierras estatales menos fértiles y alejadas de los mercados y las carreteras»[3]

 

Como pasó en España durante la República, donde las demagogias del gobierno  sobre el reparto de tierras hicieron que grupos de campesinos emprendieran ocupaciones de tierras inmediatamente reprimidas a sangre y fuego por sus supuestos valedores, ahora en Bolivia ocurre lo mismo: «Miles de desposeídos, confundidos por el discurso anti latifundista del MAS, acuden a la acción directa para ocupar latifundios o terrenos baldíos, creyendo que tendrán el apoyo del gobierno. Pero el gobierno ordena reprimir a los ocupantes utilizando fuerzas policiales y militares, como ocurrió en Oruro la semana pasada, y tolera que los empresarios latifundistas arremetan contra los "avasalladores" en Santa Cruz. Un latifundista de profesión bioquímico reconoció haber rociado con bacterias a los ocupantes de sus tierras y el gobierno no se pronuncia frente a semejante acción criminal, denuncia la Unión Revolucionaria de Docentes de la Universidad Mayor de San Andrés (URDA) en su boletín semanal»[4]

 

En cuanto a la otra medida: las “nacionalizaciones” de empresas extranjeras conviene hacer una precisión. Las nacionalizaciones no tienen nada que ver con el socialismo ni suponen un “paso hacia él”. Son, sencillamente, medidas de capitalismo de Estado que los diferentes capitales nacionales, de todos los signos –tanto de derechas como de izquierdas- han tomado a lo largo del siglo XX.[5] Sí constituyeran una medida “socialista” habría que colocar en la galería de socialistas ilustres a señores como Hitler, De Gaulle, Franco, Mussolini, o Perón, que las practicaron abundantemente. Las empresas nacionalizadas se rigen bajo el imperio de la explotación asalariada y el intercambio mercantil[6].

 

Sin embargo, lo que ha hecho el Señor Morales no llega a eso. Se limita a un puro regateo para obtener una mayor comisión, en beneficio del Capital nacional y, particularmente, de los nuevos burócratas que revolotean alrededor del partido gobernante. Por eso mismo, Petras, en el artículo antes citado, se ve obligado a echar agua helada en los entusiasmos de muchos “izquierdistas” sobre las audacias de Don Evo y de su mentor, Chavez: «Las normativas y las reformas propuestas pueden incrementar las reservas y la influencia del Estado, pero en ningún caso implican la transformación revolucionaria de la propiedad o de las relaciones sociales de producción. Los cambios propuestos son reformas que traen ecos de las políticas desarrolladas por los partidos socialdemócratas europeos entre 1946 y 1960, en la década de 1970, por los países productores de petróleo, entre otros las monarquías árabes y las repúblicas islámicas o seculares. De hecho, los anteriores gobiernos tanto de Venezuela, en 1976, como de Bolivia, en 1952 y 1968, adoptaron medidas mucho más radicales con la nacionalización del petróleo y de algunos sectores mineros» (artículo antes citado). Asistimos a una pelea de gángsteres por el reparto de la plusvalía extorsionada a los trabajadores, como aclara el propio Petras: «Los principales puntos de conflicto no son la aversión capitalista al socialismo, ni tampoco la oposición entre propiedad privada y propiedad nacionalizada, y mucho menos la revolución social conducente a una sociedad igualitaria. Los principales conflictos se concentran en 1) los incrementos de los impuestos, los precios y los pagos por regalías, 2) la conversión de las empresas en empresas conjuntas, 3) la representación en las juntas directivas, 4) la distribución accionarial entre los ejecutivos nombrados por las empresas extranjeras y los nombrados por el Estado boliviano, 5) el derecho legal a revisar los contratos, 6) los pagos compensatorios por supuestos activos, y 7) la gestión de la distribución y la exportación».

 

El discurso “anti-imperialista” y “anti-trasnacionales”, aparte de presentar una alternativa nacionalista tan capitalista como la de sus rivales, tiene mucho de opereta. El “matamoros” de “trasnacionales”, Chavez, se conforma, en el reparto de los beneficios del petróleo, con porcentajes inferiores a los que imponen Estados como Canadá, emiratos de Oriente Medio o Nigeria, a las empresas establecidas en sus territorios. Por otra parte, «el gobierno del presidente Evo Morales entregó por 40 años el yacimiento de hierro del Mutún, el más grande del mundo, a la transnacional india Jindall Steel, que impuso sus condiciones económica-financieras. Los beneficios para el Estado serán menores a los inicialmente previstos por el gobierno»[7]

 

<<>>El futuro está en manos de la lucha independiente del proletariado mundial

 

>

Mientras el circo mediático nos ofrece esas batallas de ficción entre los caballeros “bolivarianos” y los monstruos “neoliberales”, la realidad nos habla de la represión de los que buscan tierras para construirse una miserable chabola, del trabajo infantil que afecta a 300.000 niños (sobre una población de 9 millones) sin que el nuevo gobierno haya movido ni una pestaña. «Cada año, 15 mil niños menores de cinco años mueren en Bolivia por causas que pueden ser razonablemente prevenibles y relativamente superables como las diarreas, la desnutrición y la pobreza extrema. La quinta parte de las familias bolivianas subsisten con menos de medio dólar al día y están postradas en la indigencia y la marginalidad» (agencia antes citada).

 

Un informe oficial –fechado en abril de 2006- reconoce que « de cada 10 trabajadores, siete son sobreexplotados en empleos precarios y mal pagados, uno está desempleado y sin ingresos, y sólo dos cuentan con un empleo estable y digno». Estas últimas palabras son puro eufemismo: no hay empleo “estable” puesto que en cualquier momento un trabajador puede ser despedido según la Ley General del Trabajo que no ha sido revocada por el gobierno “revolucionario”. En cuanto a la “dignidad” poca vida digna puede conseguirse con un salario medio de 100 dólares «en un país donde la canasta familiar mínima se calcula en por lo menos 400 dólares, según las estimaciones gubernamentales más modestas». El salario mínimo (55 dólares) que el Señor Morales había prometido doblar ha sido finalmente subido ¡en 5 dólares!.

 

Los trabajadores manifiestan cada vez más su impaciencia, la Central Obrera Boliviana ha tenido que mostrar su “enfado” al Gobierno presentándole un “pliego de reivindicaciones” y amenazando con la “huelga general” para tratar de controlar la combatividad que se expresa en luchas como las de los maestros y la Sanidad que desde abril se han lanzado a huelgas parciales en diversas localidades del país.

 

La lucha de los estudiantes en Francia –en marzo 2006-, confirmada por la huelga de metal en Vigo en mayo 2006, nos muestra que, la clase obrera internacional está desarrollando lenta pero cada vez con mayor amplitud, su lucha autónoma de clase. Forman parte de ese desarrollo un buen número de jóvenes que buscan una alternativa revolucionaria frente al capitalismo. Esta no puede venir de payasadas como el “socialismo bolivariano del siglo XXI”. La tozudez de los hechos junto con el análisis riguroso basado en la teoría revolucionaria del proletariado, ponen al desnudo su engaño. «El verdadero movimiento revolucionario del s XXI son las luchas de la clase obrera; es el movimiento de huelga de masas que avanza lentamente; que va a estallar (como en Francia) en movilizaciones masivas en diferentes países, pero que también puede manifestarse en luchas puntuales que expresan las preocupaciones de la clase, y también madura en profundidad, en la reflexión de los elementos de la clase que buscan posiciones revolucionarias, en la intervención y el trabajo de los grupos revolucionarios. Ese movimiento que la burguesía quiere ocultar y difamar a toda costa».[8]

 


 

[1]Se pueden leer las informaciones directas en diferentes sitios Web de periódicos y agencias de prensa (de estas últimas la que más datos ha proporcionado es www.econoticiasbolivia.com de la que hemos tomado una serie de datos y declaraciones).

 

[2] Ver un análisis de lo que representa Chavez y sus compadres en “Un nuevo engaño recorre el mundo: el socialismo del siglo XXI de Chavez” en ap/2006/188_chavez, así como “El socialismo chapista: una nueva forma de redistribución de la miseria” en intmo/2005/54_socialismo.html 

 

[3] “Evo, Chavez y el imperialismo”, artículo especial para http://www.econoticiasbolivia.com/

 

[4] Tomado igualmente de http://www.econoticiasbolivia.com/

 

[5] En el artículo Propiedad privada y Propiedad Colectiva, aparecido en nuestra Revista Internacional nº 61 aportamos los argumentos históricos y teóricos que avalan esta posición.

 

[6] Nos dicen que la nacionalización “beneficia al pueblo”. En realidad a quien beneficia es a la Nación que es la finca privada del conjunto de los capitalistas. La situación de la clase obrera y de la gran mayoría del llamado “pueblo” no cambia para nada.

 

[7] Nota de agencia de 2-6-06 de la mencionada http://www.econoticiasbolivia.com/

 

[8] tomado de la editorial de Acción Proletaria nº 189 (ap/2006/189_alternativa ). Ver también en Revolución Mundial nº 96 la interesante carta de un lector que compara la práctica de otros “alternativos” (los zapatistas) con el movimiento de Francia: rm/2006/92_tl