¿Qué lucha llevar ante el problema de la vivienda?

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Desde principios de mayo se vienen produciendo movilizaciones sobre el problema de la vivienda. Primero fueron sentadas y concentraciones en muchas ciudades españolas, últimamente las demostraciones se han limitado a Madrid aunque con mayor participación, la última unas 3000 personas.

El problema de la vivienda se ha convertido en una pesadilla para la gran mayoría de trabajadores. Es necesario luchar. Pero ¿cómo luchar? ¿qué reivindicaciones? ¿quién tiene que llevar la lucha?

 

¿Es posible bajo el capitalismo que la vivienda “deje de ser un negocio”?

 

Un organismo que se llama a sí mismo “Asamblea contra la Precariedad y por una Vivienda digna” (www.asambleaporunaviviendadigna.org) en su 2º Comunicado afirma que «No estamos aquí para pedir pequeñas subvenciones que permitan seguir alimentando el ritmo de construcción y especulación acelerada. No queremos tímidos impuestos arriba o abajo. No queremos que el inhumano mercado de la vivienda se autorregule o se modere parcialmente. No queremos que un piso de 300.000 euros pase a costar 290.000. Eso no nos vale, ya no nos vale».

Con esta afirmación está haciéndose eco del hartazgo de tantos jóvenes obligados a quedarse en casa de sus padres o a compartir piso con 4 o 5 más, realquilarse etc.; de tantas parejas de 35 a 50 años agobiadas por hipotecas interminables; de tantos pensionistas que sufren el acoso de los propietarios o de los bancos que les engatusan con una “hipoteca al revés”; de tantos emigrantes hacinados en habitaciones minúsculas y obligados a hacer turnos para usar la cama…

Ahora bien, ¿qué propone para luchar contra esta situación intolerable? « Queremos que la vivienda deje de ser un negocio. Así de claro y sencillo. Queremos que la vivienda sea un derecho sobre el que nadie pueda obtener lucro económico, pues no se juega ni se trapichea con las necesidades básicas de los seres humanos».

Pedir que, bajo el capitalismo, “la vivienda deje de ser un negocio”, es una utopía reaccionaria. Es más fácil y más claro darse como objetivo destruir el capitalismo y crear una sociedad donde no exista el “lucro económico”, donde aboliendo el trabajo asalariado y el mercado NINGUN BIEN SEA OBJETO DE NEGOCIO.

Bajo el capitalismo todo es objeto de negocio, su dinámica es convertir cualquier producto o actividad en OSCURO OBJETO DE DESEO COMERCIAL. Forzado por una crisis de sobreproducción crónica, necesita mercantilizarlo todo, someterlo todo a las leyes del comercio.

Cabría preguntarse: ¿cómo se puede lograr que la “vivienda deje de ser negocio”? ¿Poniendo todas las viviendas en manos del Estado? Esta medida no constituye ninguna novedad y forma parte del arsenal que el capitalismo de Estado ha utilizado a lo largo del siglo XX. En Rusia, bajo el régimen estalinista, todas las viviendas estaban en manos del Estado y ello no redundó en la más mínima “solución” del problema de la vivienda: al contrario, los ricos del Partido- Estado disfrutaron –y siguen disfrutando - de cómodas “dachas” y espléndidos palacios, mientras la inmensa mayoría se hacina en habitaciones inmundas. En Gran Bretaña tras la 2ª Guerra Mundial, como parte del famoso “Estado del Bienestar” –la “cara bonita” del capitalismo de Estado- se  nacionalizaron las viviendas”sociales” poniéndolas en manos de los municipios que las arrendaban mediante módicos alquileres. Todo esto se acabó en los años 80 donde el gobierno Thatcher, impulsado por la crisis, lanzó la campaña del “capitalismo popular” – hacer que los inquilinos adquieran su vivienda - que ha endeudado masivamente a las familias obreras.  

Sí todas estas políticas – imitadas con mayor o menor intensidad en los demás Estados europeos - cumplieron su papel en la bonanza económica de los años 50-70, la crisis, capitalista que dura más de 30 años, ha obligado a abandonarlas para aliviar los enormes déficit estatales y para crear un campo a la supervivencia de las ganancias capitalistas,  estimulando las famosas burbujas inmobiliarias que en Estados Unidos, Australia, España, Grecia, Gran Bretaña etc., se han extendido como una pegajosa mancha de aceite.

¿Qué otra alternativa habría? ¿Colocar las viviendas disponibles bajo la propiedad de los municipios, de las cooperativas etc.? Las experiencias de “cooperativas de vivienda” han escaldado a muchos trabajadores pues tales “entes sociales sin ánimo de lucro” han constituido el tinglado que unos cuantos avispados se han montado para hacer el gran negocio. ¡Recordemos el gran timo que fue la cooperativa PSV montada por la UGT! En cuanto a poner la vivienda bajo las manos de los Ayuntamientos es como pedir que la zorra se encargue de cuidar a las gallinas. Los ayuntamientos son los primeros que propician la especulación inmobiliaria. Agobiados por deudas imposibles de pagar, la única forma que tienen de mantenerse es lanzar sin descanso suelo urbanizable a la vorágine de la especulación. ¡No tienen otra política posible! y por ello todos los partidos –desde el PP hasta IU pasando por el PSOE- hacen más o menos lo mismo.

El capitalismo actual, especialmente en países como España, mantiene en pie la economía mediante dosis masivas y crecientes de especulación inmobiliaria. Con ello logra darse momentos de “euforia” (el “España va bien” de Aznar continuado por Zapatero) pero todo eso se hace al precio de empobrecer a la gran mayoría, agudizar la explotación y agravar el deterioro y las contradicciones de la economía.

Recordemos que el PSOE, cuando estaba en la oposición, prometió poner fin a la burbuja inmobiliaria. Una vez en el poder, la ha hinchado enormemente, agravando todos los problemas. La especulación empuja al alza los precios de la vivienda haciéndola inalcanzable para la gran mayoría de la población. Al mismo tiempo, provoca un desbarajuste urbanístico de enormes proporciones haciendo todavía más insoportables no sólo las grandes ciudades sino también las pequeñas poblaciones, contagiadas por el virus inmobiliario. Y todo ello crea graves problemas ecológicos: penuria de agua, alteraciones climáticas, destrucción de masas boscosas y de tierras de cultivo.

Se reclama que el Estado “intervenga”, bien sea “reconociendo el derecho a la vivienda” (derecho generosamente concedido por el artículo 47 de la Constitución de 1978 y ¡ya vemos sus resultados!), bien sea “adoptando leyes que obliguen a que la vivienda no sea objeto de lucro” (es decir, pedir a Ayuntamientos, Gobiernos regionales etc., legislar contra sus propios intereses, estrechamente vinculado a la especulación del suelo).

Quieren que confiemos en el Estado, que lo veamos como un órgano “al servicio de los ciudadanos”, como la herramienta “democrática” que estos tendrían para “poner coto a los abusos de los bancos y los especuladores”. ¡Pero todo eso es un cuento de hadas! El Estado es un órgano al servicio de la clase dominante, su función es defender la explotación capitalista mediante el engaño y la represión. Sí el proletariado dirige su lucha a “pedir que el Estado defienda sus intereses” lo único que logra es ponerse a sus pies, atarse de pies y manos para ser golpeado a placer. La lucha obrera no puede orientarse al reforzamiento del Estado – aunque sea con el noble propósito de obligarle a “meter en vereda” a especuladores y banqueros - sino hacia el enfrentamiento con el Estado en la perspectiva de su destrucción definitiva en todos los países.

El Comunicado nos dice que « Tendremos enfrente a los más poderosos de este país: a los banqueros, a los constructores, a los especuladores, y a los políticos y periodistas que tengan por amos a ese atajo de buitres. Todos quieren seguir aumentando sus cuentas de beneficios a costa de la necesidad y el sufrimiento de millones de personas».

De aquí se desprende que el resto de capitalistas no serían buitres, es decir, que habría la posibilidad de conseguir un capitalismo “digno” con capitalistas “dignos” y con “políticos y periodistas” no menos “dignos”. En esa arcadia feliz sería posible una “vivienda digna” a condición de luchar contra los capitalistas y políticos “buitres” dejando intactos a los demás capitalistas.

 

¿Luchar como ciudadanos por una vivienda “digna”?

 

En su primer comunicado, la “Asamblea” proclama que «sin derecho a la vivienda no hay ciudadanía» y que «[email protected] afirmamos que éste bien [la vivienda] tiene que ser efectivamente garantizado, exigible como derecho fundamental, condición material indispensable de la ciudadanía».

 

La democracia propaga la ilusión de que “somos todos iguales”, todos seríamos ciudadanos dotados de unos “derechos” y unos “deberes” dentro de una “comunidad” que es la Nación.

 

Esto es el peor de los engaños pues la realidad demuestra que la sociedad está dividida en clases y que hay dos clases fundamentales: la burguesía y el proletariado. La primera, la clase dominante, está muy interesada en que la segunda, la clase explotada que produce colectivamente lo esencial de las riquezas sociales, no se reconozca ni identifique como tal sino que se conciba como una suma de “ciudadanos” libres y soberanos, poseedores de una serie de “derechos”. El ciudadano es la negación de la clase obrera y la afirmación de la falsa comunidad entre Capital y Trabajo. ¡Y hete aquí que nuestra “Asamblea” quiere que luchemos para ser ciudadanos! Y para ello nos propone la utopía de conseguir bajo el capitalismo una “vivienda digna”.

 

Todo esto tiene un objetivo político muy claro que probablemente escape a la mayoría de participantes en la “Asamblea”: atacar el desarrollo de la lucha autónoma de clase del proletariado. Este – como ya hemos puesto de manifiesto en nuestras publicaciones - está despertando y con movimientos como el de los estudiantes –futuros obreros y concebidos como tales- en Francia 2006 o la huelga del metal de Vigo –mayo 2006- está dando pasos significativos. Por ello a la burguesía española, como medida preventiva, le interesa propiciar movimientos y movilizaciones como ciudadanos, interclasistas, adonde el proletariado desaparezca diluido en la masa democrática del ciudadano.

 

 

El problema de la vivienda no tiene solución bajo el capitalismo

 

 

Hace 130 años, en el folleto «Contribución al problema de la vivienda», Engels ponía en evidencia que «la llamada penuria de la vivienda, que representa hoy un papel tan grande en la prensa, no consiste en que la clase obrera en general viva en malas viviendas, superpobladas e insalubres. Esta penuria de la vivienda no es peculiar del momento presente; ni siquiera es una de las miserias propias del proletariado moderno a diferencia de todas las clases oprimidas del pasado; por el contrario, ha afectado de una manera casi igual a todas las clases oprimidas de todos los tiempos». Hoy, 130 años después, vemos que el problema de la vivienda no solo no se ha solucionado sino que se ha agravado considerablemente en todo el mundo.

Debemos considerar por otra parte, este análisis fundamental de Engels: «La penuria de la vivienda para los obreros y para una parte de la pequeña burguesía de nuestras grandes ciudades modernas no es más que uno de los innumerables males menores y secundarios originados por el actual modo de producción capitalista. No es una consecuencia directa de la explotación del obrero como tal obrero por el capitalista. Esta explotación es el mal fundamental que la revolución social quiere suprimir mediante la abolición del modo de producción capitalista».

Los jóvenes que no pueden encontrar una vivienda o las parejas agobiadas por la hipoteca solamente podrán desarrollar una fuerza social que se levante contra el capitalismo sí se reconocen como parte del proletariado y luchan como proletarios. No es cómo ciudadanos en pos de una vivienda “digna” sino como clase obrera que trata de resistir el incremento de la explotación y de desarrollar la solidaridad y la unidad, como se podrá avanzar en la lucha por la defensa de sus necesidades como seres humanos, una de las cuales es una vivienda donde, sencillamente, se pueda vivir.

En el folleto antes citado de Engels, éste combate la política de los capitalistas de “convertir a los obreros en propietarios de viviendas para que se sientan ciudadanos y dejen de sentirse obreros”. Hoy, 130 años después, una “Asamblea”, que dice luchar contra la precariedad y contra el problema de la vivienda, propone exactamente lo mismo: lograr, utilizando el señuelo de una “vivienda digna”, que nos sintamos ciudadanos “soberanos” y “libres”.

Pero ¿qué es eso de una “vivienda digna”, así en general? El capitalismo ha modelado todos los aspectos de la vida social según las necesidades de la reproducción del trabajo asalariado y la mercancía. La vivienda, el consumo, las relaciones humanas etc., están irremediablemente supeditados y deformados por ellos. Por eso mismo, no hay solución al problema de la vivienda mientras este dependa a su vez de ciudades convertidas en megalópolis inhabitables y constituya el canal de la incomunicación y la atomización de los seres humanos etc. De ahí que Engels señale justamente «¿Cómo, pues, resolver el problema de la vivienda? En la sociedad actual, se resuelve exactamente lo mismo que otro problema social cualquiera: por la nivelación económica gradual de la oferta y la demanda, solución que reproduce constantemente el problema y que, por tanto, no es tal solución. La forma en que una revolución social resolvería esta cuestión no depende solamente de las circunstancias de tiempo y lugar, sino que, además, se relaciona con cuestiones de mucho mayor alcance, entre las cuales figura, como una de las más esenciales, la supresión del contraste entre la ciudad y el campo».

 

 

Smolni 8-7-06