Maremoto en el Sudeste Asiático, ¡La verdadera Catástrofe social es el capitalismo!

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El año 2004 ha acabado con una inmensa tragedia humana en Asia del Sur. Un terremoto de violencia excepcional ha provocado un maremoto en el Océano Indico que ha devastado, al menos, una decena de países ribereños. En pocas horas, los tsunamis han provocado más de 160.000 muertos, decenas de miles de desaparecidos, centenas de miles de heridos y cinco millones de desplazados. Este terrible balance es desgraciadamente provisional ya que en numerosos países, en particular Indonesia, Tailandia y Sri Lanka, muchas zonas no son accesibles al estar totalmente destruidas las redes de transporte.

En estas regiones costeras, ciudades enteras han sido arrasadas, centenares de barcos de pesca se han hundido y, las aguas y el fango han arrasado casi todo, dejando a más de cinco millones de personas sin hogar, comida o agua potable, lo que va a provocar un número aún mucho mayor de víctimas. De hecho las organizaciones humanitarias ya han hablado de las nuevas miles de víctimas que va a provocar el estallido de las epidemias mortales. Una vez más son las capas más pobres de la población, y entre ellas el proletariado que trabaja en la industria del turismo, las principales víctimas de esta tragedia.

El capitalismo es el único responsable de la catástrofe humana

Como sucede ante cada catástrofe de este tipo, se invoca ante todo la impotencia de los hombres ante los “designios de la madre naturaleza”, la mala suerte o la fatalidad, e incluso la pobreza de los países siniestrados que no podrían adquirir los medios técnicos para prevenir tales cataclismos. ¡ Engaños y mentiras!.

¿ Porqué y como un fenómeno natural y bien conocido como son los maremotos ha podido en tan pocas horas transformarse en una catástrofe social de tal envergadura?.

Evidentemente no se puede acusar al capitalismo de ser el responsable del terremoto que ha provocado el terrible maremoto. Sin embargo, si que se puede y debe responsabilizarse a los gobiernos de estos países y a sus homólogos occidentales de la total negligencia e irresponsabilidad que han conducido a esta inmensa catástrofe humana. Todos sabían que esta región del globo esta especialmente expuesta a los movimientos sísmicos.

... Los expertos locales, sin embargo, sabían que podría ocurrir un drama. A mediados de Diciembre, en el contexto de una reunión de físicos en Yakarta, sismólogos indonesios plantearon tal eventualidad a un experto francés porque eran perfectamente conscientes del peligro de maremotos ya que se estaban produciendo permanentemente terremotos en la región...” (Liberación, 31/12/04). 

No sólo los expertos estaban al corriente, además, el ex director del centro Internacional de Información sobre Maremotos en Hawai, George Pararas-Carayannis, dijo claramente que un gran terremoto se había producido 2 días antes de la catástrofe del 26 de Diciembre. “...El Océano Indico dispone de infraestructuras de base para las mediciones sísmicas y las comunicaciones. Nadie debería sorprenderse, ya que hubo un terremoto de magnitud 8,1 el día 24 de Diciembre. Esto debería haber alertado a las autoridades. Pero ante todo ha faltado, de entrada la falta de voluntad política en los países concernidos y una coordinación internacional a escala de la que está construida en el Pacífico....” (Liberación, 28/12/04).

¡ Nadie debía sorprenderse y sin embargo lo más terrible ha ocurrido. Pero la negligencia de las clases dominantes no se detiene aquí!.

Así, cuando el centro americano de meteorología de Hawai anunció rápidamente a 26 países, quince minutos después del seismo, la posibilidad de maremotos cerca del epicentro, la agencia de meteorología de Japón no envío la información a sus vecinos, porque el boletín americano era bastante tranquilizador ante posibles efectos en Japón.

En India, el Cuartel General de la Armada recibió la información, pero esta quedó paralizada en una maraña  muy jerárquica y burocrática. El fax de alerta se perdió por el camino ya que el departamento de meteorología no recibió el fax del Ministerio de la Ciencia: ¡con las nuevas elecciones de Mayo de 2004 se había cambiado de responsables y nadie quería hacerse cargo de la “mala noticia”!. “...El mismo escenario se produce en Tailandia en donde el departamento de meteorología no se decidió a lanzar la alerta nacional por miedo a provocar un inútil miedo generalizado. Sabían, por tanto, que un terremoto de gran amplitud se había producido a las 8h10m a.m., mucho antes de que el maremoto golpeara con furia las costas de Phuket...” (Liberación, 31/12/04).

La simple prudencia (sin contar con el principio de precaución) recomendaba alertar a las poblaciones. Incluso sin disponer de los medios técnicos de Estados Unidos o Japón, había suficiente información disponible sobre la catástrofe en curso para actuar y intentar evitar esta salvaje masacre.

¡ No estamos pues ante una negligencia, sino ante una política criminal que revela el profundo desprecio de las clases dominantes por la población y el proletariado que son las principales víctimas de la política burguesa que desarrollan todos los gobiernos locales!. De hecho hoy ya se reconoce de forma oficial, aunque a regañadientes, que no se lanzó la alerta oficial para no.....inquietar al sector turístico. Con otras palabras, para defender unos sórdidos intereses económicos y financieros han sido sacrificados decenas de miles de personas.

Esta irresponsabilidad de los Gobiernos es una nueva ilustración del modo de vida de esta clase de bandidos que gestiona la vida y la actividad productiva de la sociedad. Los Estados burgueses están dispuestos a sacrificar las vidas humanas que haga falta, si ello es necesario para preservar la explotación y los beneficios capitalistas.

Siempre son los intereses capitalistas los que dictan la política de la clase dominante y, en el capitalismo, la prevención no es una actividad rentable como reconocen hoy día todos los medios de comunicación: “....Los países de la región han hecho hasta ahora oídos sordos sobre la necesidad de poner en pie un sistema de alerta por los altos costes financieros que ello supondría. Según los expertos, un dispositivo de alerta costaría decenas de millones de dólares, pero permitiría salvar decenas de miles de vidas humanas...” (Les Echos, 30/12/2004).

Cuando vemos en los largos reportajes televisados, estas decenas de miles de muertos, las familias diezmadas, los niños huérfanos, no podemos evitar sentirnos indignados al escuchar las declaraciones de los responsables de estas masacres anunciar, con un cinismo sin limites, que desde ahora quieren hacer todo lo posible para dotar al continente asiático de un sistema de detección de terremotos y maremotos como los que tienen los Estados Unidos y Japón.

El drama humano que acaba de vivirse en Asia del Sur es una nueva manifestación de la barbarie horrorosa de un sistema que conduce a la humanidad a su perdida. Sin duda es este sistema decadente el verdadero responsable de las catástrofes que se producen a repetición a lo largo y ancho del planeta. El año pasado un terremoto en Irán provocó decenas de miles de muertos, y poco antes lo mismo había ocurrido en Turquía, Armenia, ....Se obliga a vivir a las poblaciones en zonas sísmicas en construcciones precarias, mientras que existen de sobras y desde hace mucho tiempo medios técnicos para evitar que estos fenómenos naturales provoquen catástrofes sociales.

Si el maremoto del Océano Indico ha provocado también innumerables víctimas entre los turistas ha sido por que el capitalismo ha desarrollado complejos turísticos de forma totalmente anárquica, en particular, destruyendo las barreras naturales que constituían una protección capaz de atenuar la fuerza de las olas y los proyectiles de objetos que estas pudieran lanzar.

Esta misma realidad aberrante la encontramos en los países industrializados cuando observamos como se construyen edificaciones en zonas potencialmente inundables y por tanto potencialmente peligros para la población.

Más que nunca, el capitalismo porque esta basado en la búsqueda desenfrenada del beneficio y la rentabilidad y no por la satisfacción de las necesidades humanas, no puede engendrar más que nuevas y más mortíferas catástrofes. Mientas que en época de desarrollo del capitalismo hubo el florecimiento de un formidable potencial tecnológico e industrial que tendía ha poder proporcionar un cierto control de la naturaleza, en la fase de decadencia del sistema en la que vivimos, este no es capaz de hacer avanzar a la humanidad, de hacerla progresar. Al contrario, es la naturaleza la que parece volver a “reclamar sus derechos” mientas que el desarrollo de la tecnología permitiría vivir a la humanidad en armonía con la naturaleza.

El capitalismo es actualmente un sistema social en descomposición. Se ha convertido en un obstáculo y en una amenaza para la supervivencia de la especie humana. A las explicaciones parciales, pero sobre todo falsas y malintencionadas y cínicas de la clase dominante, los revolucionarios queremos contraponer un análisis marxista de estos acontecimientos.

“....A medida que el capitalismo se desarrolla más se descomponen sus bases, prostituye cada vez más esta técnica que podría ser liberadora pero que esta sujeta y regida por las necesidades de la explotación, de dominación y de pillaje imperialista, hasta el punto de llegar a transmitir toda su podredumbre y volverla contra la especie humana (...) En todas las esferas de la vida social y cotidiana en las fases ‘pacificas’ que nos quiere consentir entre dos masacres imperialistas o dos operaciones de represión, el capital aguijoneado sin tregua por la búsqueda incesante de una mayor tasa de beneficio, paraliza, envenena, asfixia y mutila, a los individuos por medio de una técnica prostituida (...) El capitalismo no es inocente de las catástrofes llamadas ‘naturales’. Sin ignoran que existen fuerzas en la naturaleza que escapan a la acción e influencia humanas, el marxismo ha demostrado que las catástrofes han sido provocadas y agravadas por causas sociales (...) No sólo la civilización burguesa puede provocar directamente estas catástrofes por su deseo insaciable de beneficio y por la influencia dominante de este sobre la maquinaria administrativa (...) , lo más grave es que se demuestra incapaz de organizar una protección eficaz en la medida en que la prevención no es una actividad rentable....” (Amadeo Bordiga, Especie humana y corteza terrestre).

La hipocresía y el cinismo de la burguesía mundial

Ante la gravedad de la catástrofe han hecho falta varios días para que la burguesía internacional se movilizara y enviara ayuda a los países necesitados por la tragedia. A menudo sucede que estos medios no pueden utilizarse rápidamente: así, un hospital de campaña enviado por Francia a Indonesia está dos semanas sin utilizarse ya que no hay helicópteros de transporte capaces de llevarlo a su destino con el material médico.

Cuando se trata de defender sus intereses imperialistas, en las guerras supuestamente  “humanitarias” todos los Estados hacen gala de una  rapidez extrema para enviar sus tropas, materiales e ingenios de hacer muerte cada vez más sofisticados, artilugios que matan a la población civil y siembran la muerte a lo largo y ancho del planeta. Es más, todos los bandidos capitalistas han demostrado no tener el menor prejuicio en invertir sumas fabulosas de dinero en la producción de armamento capaz de destruir países enteros.

Sin embargo, la ayuda financiera aportada en un primer momento por los gobiernos de todos los países, y sobre todo por los desarrollados, ha sido tan ridícula que el secretario adjunto de la ONU, Jan England ha tratado de tacaña a la “comunidad internacional”.

Ante la amplitud del desastre, los diferentes Estados capitalistas se han comportado como verdaderos buitres carroñeros, haciendo pujas para ver cual de ellos aparecía como el más “generoso” frente a todos sus rivales.

Así, los Estados Unidos han propuesto 350 millones de dólares en lugar de los 35 inicialmente anunciados (mientras que gastan hoy día 1 millones de dólares por semana en la guerra en Irak un, la misma cantidad al mes en la guerra de Afganistán!!!), Japón aporta 500 millones y la Unión Europea 436 millones. Francia creyó en un momento dado, con sus 50 millones, haberse colocado a la cabeza de los países donantes (mientras que sus intervenciones militares le cuestan 1000 millones de dólares por año ); después vino la carrera por el récord entre Australia, Inglaterra, Alemania, etc...

Cada vez, como en si de una subasta se tratara, tal o tal Estado propone ofrecer una suma mayor de dinero que sus rivales.

Esta sobrepuja verbal es absolutamente vergonzosa y no es más que una mascarada ya que las promesas de ahora son seguidas, demasiado a menudo, por ningún efecto real. Así, queremos recordar que esta “comunidad internacional” de bandidos capitalistas prometió 115 millones de dólares de ayuda tras el terremoto que asoló Irán en Diciembre de 2003 y Teherán ha recibido a día de hoy tan solo 17 millones de dólares. Lo mismo ha ocurrido en Liberia: 1000 millones prometidos y 70 realmente entregados.

Los ejemplos pueden ser muchos más sin contar con los conflictos que están asolando países y regiones enteras, como es el caso de Darfour o el Congo, con dramas humanos verdaderamente terribles, pero sin ni siquiera “derecho a promesas de ayuda humanitaria”.

En cuanto a otra de las promesas, la moratoria de la deuda externa de los países afectados, no es más que un globo que se deshinchará rápidamente porque se trata simplemente de retrasar las fechas del pago de los intereses de la deuda y no la condonación de las mismas. Por otra parte, los cinco países más endeudados de entre los afectados por el maremoto deberán devolver más de 32000 millones de dólares solo el año próximo, es decir, 6 veces más de lo que podrán recibir en concepto de “ayuda humanitaria” (en realidad recibirán menos como hemos visto en los ejemplos citados más arriba). Evidentemente estos países so gozan , por el momento, del “privilegio” de estar ocupados por las tropas de los Estados Unidos, de ser así, se les hubiera anulado pura y simplemente la deuda.

La burguesía miente sobre su “ayuda humanitaria” para esconder los verdaderos objetivos de esta sobrepuja de “buena voluntad y ayuda” entre los bandidos capitalistas. La “ayuda humanitaria” de los Gobiernos no es en realidad más que un pretexto para esconder sus apetitos imperialistas.Tras la cortina de humo ideológica de la propaganda humanitaria, es significativo ver como cada Estado se ha lanzado también a una alocada carrera para ver que diplomáticos llegaban antes que los otros, en competencia descarada, cuando en realidad ante un desastre así necesita de la coordinación internacional de las ayudas. En realidad, cada potencia imperialista, cada burguesía nacional, defienden sus propios intereses en una región que representa un enclave estratégico y militar muy importante.

Las profundas divergencias de intereses entre los diferentes Estados imperialistas manifestadas a propósito de Afganistán o Irak, se han vuelto a manifestar. Así, Francia envía a su Ministro de Asuntos Exteriores con un avión lleno de medicamentos y anunciando que Chirac, con el apoyo de Alemania, propone crear una “fuerza humanitaria de reacción rápida”, fuerza que sería controlada por los estados europeos, pero al “servicio” de la ONU.La réplica americana no se ha hecho esperar: no solamente los Estados Unidos han enviado barcos, aviones y tropas militares al Océano Indico, han anunciado al mismo tiempo su propuesta de creación de una “coalición internacional humanitaria” ( con Australia, Japón y India) para “coordinar las ayudas”.

Como en la guerra de Irak, la política americana consiste en mostrar a las otras potencias rivales que los Estados Unidos son el patrón y que, también en estas circunstancias, van a defender su liderazgo. El secretario de Estado, Colin Powell, y el hermano del presidente Bush han sido enviados al lugar de la tragedia para exaltar  la eficacia de “los valores americanos en acción”. Colin Powell que fue el comandante en jefe de las tropas americanas en la primera guerra del Golfo y que, no dudó en masacrar a los soldados iraquíes heridos en al primera línea de fuego, ha tenido al cara dura de dejar caer unas lagrimas de cocodrilo cuando sobrevolaba en helicóptero la región de Banda Aceh, declarando lo siguiente: “ he estado en la guerra, he sufrido huracanes y tornados en otras operaciones de ayuda. Pero jamás había visto nada así...” (Liberación, 06/01/2005).

Todas estas divergencias entre las grandes potencias imperialistas, pugnas en las que cada Estado intenta sacar la máxima ventaja en su favor, dice mucho sobre la realidad de la preocupación “humanitaria” de estos buitres capitalistas. Como subrayaba un responsable americano: “...es una tragedia, pero también una oportunidad que debemos intentar aprovechar. Una ayuda rápida y generosa de los Estados Unidos podría ayudar a mejorar las relaciones con los países asiáticos...”.

Teniendo en cuenta la importancia estratégica de Indonesia en el océano Indico, es evidente que los Estados Unidos intentarán aprovechar la catástrofe para poder implantarse militarmente (  los militares indonesios rechazaron a Washintong ya que USA les reprochaba la injerencia y los excesos cometidos por el Ejercito indonesio en Timor oriental). Por otra parte, su “ayuda humanitaria” en Sri Lanka ha tomado la forma de un “desembarco” de carros anfibios evidentemente “pacíficos” ( y no armados, según un oficial) que tendrían por misión “no destruir” sino “ayudar a la población”.

Por su parte, los Estados europeos, también han intentado estar militar y diplomáticamente presentes en la región. China, intenta hacer valer sus ambiciones de gendarme del continente asiático y se enfrenta abiertamente a las ambiciones de Japón. Y si el Estado indio ha rechazado cualquier tipo de ayuda extranjera, dejando morir como ratas a muchas personas, es porque pretende consolidarse como potencia regional a tomar en cuenta .

He aquí lo que se esconde tras la cacofonía de discursos “humanitarios” de la burguesía mundial: la defensa de sórdidos intereses imperialistas ¡ La indecencia y la hipocresía sin limite de la clase burguesa que dirige el mundo es verdaderamente nauseabunda!.

Una vez más, debemos destacar que es el capitalismo y su supervivencia una verdadera catástrofe para la humanidad, con su ley del valor y su clase dominante, capaz de contabilizar muertos al tiempo que prepara nuevos episodios de barbarie. Al mismo tiempo que las olas gigantes devoraban a miles de personas, se exacerba el caos en Afganistán, crecen sin limite el número de atentados en Irak o Palestina, y se extiende el hambre en Darfour y las masacres en el Congo.

Esta espiral sangrante nos indica que el capitalismo solo puede ofrecer a la humanidad  como perspectiva su destrucción a través de catástrofes cada vez más mortíferas, de guerra cada vez más barbaras, de miseria, hambre y epidemias. Una destrucción del planeta pedazo a pedazo es lo único cierto que nos ofrece esta sistema podrido.

¿Que solidaridad con las víctimas de la catástrofe?

Ante una tragedia humana de tales dimensiones, los revolucionarios y el conjunto del proletariado mundial deben manifestar, alto y fuerte, su solidaridad de clase con las víctimas.

No pueden más que saludar el impulso de solidaridad humana que a nivel planetario se ha manifestado inmediatamente. Sin esperar ayuda, los supervivientes se han ayudado mutuamente, tanto las poblaciones asiáticas hacia los turistas, como los turistas hacia la población local. Espontáneamente, millones de personas y sobre todos los proletarios de todos los países, han propuesto enviar alimentos, ropa y donaciones financieras.

Pero esta solidaridad natural, que esta en la base misma de la existencia social y de la preservación de la especie humana, ha sido inmediatamente recuperada por la clase dominante y sus ONGs.

El rodillo compresor de la información mediática y las espeluznantes escenas mil veces repetidas, tiene como función evitar la reflexión sobre las causas de esta catástrofe social.

Ya que somos “impotentes” ante tales acontecimientos, la única cosa que podemos hacer, nos dice la burguesía a través de sus medios de propaganda y sus “especialistas en ayuda humanitaria”, es efectuar donaciones a tal o cual ONG y asegurarnos de que el dinero llega efectivamente a las poblaciones siniestradas.

Estas organizaciones “no gubernamentales” han dado pruebas una vez más de estar siempre al servicio de sus Gobiernos respectivos. Es suficiente con observar el lío que tienen montado en el lugar mismo del drama: cada televisión nacional hace la promoción de tal o cual ONG, en función de su país de origen, ya que estas están encargadas de defender los intereses contrapuestos de tal o cual Gobierno, en detrimento o contra otras ONGs. Así, la solidaridad en boca de la burguesía, se convierte en detestable chovinismo.

La indignación de la clase obrera ante este drama, su solidaridad espontanea con las víctimas ha sido manipulada y desviada por la clase dominante hacia una innoble campaña de intoxicación “humanitaria”. Gracias a sus ONGs, la burguesía la burguesía transforma esta voluntad real de solidaridad y generosidad en una miserable campaña de caridad. A través de las peticiones de ayuda financiera para apoyar a los países siniestrados, los Estados burgueses han organizado un verdadera operación de secuestro, destilando en el seno de la población mundial, y en especial entre la clase obrera, el sentimiento de darse “una buena conciencia” aportando una pequeña contribución a la “ayuda humanitaria” de los gobiernos.

Esta campaña alimentada permanentemente por las emisiones diarias de televisión, es una verdadera matraca ideológica que intenta confundir las conciencias, e impedir reflexionar a los proletarios sobre las causas reales de la catástrofe. Y, intentado impedir que los proletarios comprendan que el capitalismo es el único responsable, intentan desnaturalizar su solidaridad de clase y desviarla a un callejón sin salida.

La solidaridad de la clase obrera no puede limitarse como nos quieren hacer creer las ONGs, a una simple acción caritativa. Por una parte, las donaciones financieras no son más que una gota de agua en el océano vista la amplitud del desastre. Y, por otra parte, las sumas recolectadas no pueden en modo alguno compensar las perdidas y la desesperación de todos estos hombres, mujeres y niños que han perdido a sus seres queridos, que jamás podrán ser recuperados, puesto que han sido enterrados a toda prisa en fosas comunes, sin derecho a una sepultura.

El dinero no puede reparar lo irreparable: ¡no ha sido nunca un remedio contra el sufrimiento moral!.

En fin, estos gestos de solidaridad financiera no pueden resolver el problema en su raíz: no pueden impedir en modo alguno la repetición de nuevas catástrofes en otras regiones del mundo.

Por eso la solidaridad de clase del proletariado no puede ser la de los curas, del “Apoyo católico”, ni de las ONGs.

La solidaridad de los proletarios no tiene como objetivo obtener “buena conciencia” o salvar su alma cediendo al sentimiento de culpabilidad que nos quiere inculcar la clase dominante.

La solidaridad de la clase obrera solo puede desarrollarse a partir de la denuncia del único culpable de esta cataclismo: ¡la clase burguesa que dirige el sistema capitalista! .

Los proletarios del mundo entero deben comprender que, desarrollando su combate contra la burguesía, acabando con este sistema criminal, son los únicos que pueden rendir un verdadero homenaje a los muertos de esta y tantas masacres, a todas las vidas humanas sacrificadas sobre el altar capitalista, en el nombre de la ley del beneficio y la rentabilidad. Deben desarrollar sus luchas y su propia solidaridad contra todos los Estados, contra todos los Gobiernos que no solo explotan y atacan todas nuestras condiciones de vida, además tienen la cara dura de pedirnos que “nos rasquemos el bolsillo” para poder pagar los desastres provocados por el capitalismo.

Solo con la lucha cotidiana contra este sistema, hasta su destrucción, la clase obrera podrá manifestar su verdadera solidaridad hacia los proletarios y las poblaciones masacradas por este maremoto.

Si bien es cierto que esta solidaridad no tiene efectos inmediatos, no es un brindis al sol, contrariamente a lo que preconizan la burguesía y sus ONGs.

En pocos meses, para la clase burguesas y sus organizaciones caritativas, esta catástrofe será “archivada” en la papelera de la historia.

Para los obreros del mundo entero, esta tragedia no debe ser jamás una asunto “a olvidar”. Debe quedar muy presente en la memoria y ser un aguijón para reforzar la determinación en el desarrollo de las luchas y en la unidad de clase contra la barbarie capitalista.

La clase obrera es la única fuerza en la sociedad actual que puede efectuar un verdadero apoyo a todas las víctimas de la clase burguesa acabando con el capitalismo y construyendo una nueva sociedad, basada no en el beneficio sino en la satisfacción de las necesidades humanas. Es la única clase que puede, por su perspectiva revolucionaria, ofrecer una perspectiva a la especie humana.

Por eso la solidaridad del proletariado debe ir mucho más allá de la simple solidaridad emocional. No debe estar basada en sentimientos de impotencia o culpabilidad, sino sobre y ante todo, de su conciencia de clase.

Solo el desarrollo de su propia solidaridad de clase, una solidaridad basada en la conciencia de la quiebra del capitalismo, podrá poner las bases de una sociedad en la que los crímenes que la burguesía nos presenta como catástrofes “naturales” no podrán ser nunca más cometidas, en donde esta barbarie pueda ser definitivamente superada y abolida.

“...El capitalismo agonizante quiere acostumbrarnos al horro, a considerar como algo ‘normal’ la barbarie de la que él es responsable. Los proletarios deben reaccionar expresando su indignación ante ese cinismo, expresando su solidaridad con las víctimas de esos conflictos sin fin, de esas matanzas perpetradas por todas las bandas capitalistas ( a las que se suman las víctimas de las “catástrofes naturales”). El asco y el rechazo hacia lo que hace vivir a la sociedad el capitalismo en su descomposición, la solidaridad entre miembros de una clase con intereses comunes, son factores esenciales de la toma de conciencia de que es posible otra perspectiva y que la clase obrera unida posee la fuerza para imponerla...” (Revista Internacional 119, artículo Editorial, pag. 3).

Los obreros del mundo entero deben testimoniar su solidaridad con las víctimas haciendo vivir sus luchas contra la explotación, la miseria y la barbarie capitalista, sintiendo y defendiendo estas consignas:

 

¡ Abajo todos los Gobiernos!, ¡Abajo el capitalismo!.

¡ Proletarios de todos los países, Unios!.

 

CCI. Enero 2005.