¿Kerry o Bush?: A la postre siempre es la burguesía quién gana las elecciones

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Los tres debates televisados

entre los dos candidatos George Bush Jr. y John Kerry, fueron

luego íntegramente retransmitidos y transcritos por todas

partes, también en Europa. Grandiosos conciertos de rock

fueron organizados en todos los rincones del país para

canalizar la multitud de jóvenes favorables al candidato

Kerry. El gran circo que se monta cada cuatro años para las

elecciones estadounidenses alcanzaba esta vez el paroxismo.

Bush

o Kerry: Los mismos objetivos imperialistas, los mismos

proyectos militaristas

La

indeterminación de los sondeos y las alertas ante “posibles

irregularidades” permiten mantener el “suspense”,

como la incertidumbre que rodeo las anteriores elecciones entre

Bush y Gore cuando aún tres semanas después de las

votaciones no se sabía quien iba a gobernar, teniéndose

incluso que recontar uno a uno los votos en algunos estados. Rara

vez se había visto un duelo electoral en los Estados Unidos

tan áspero. Da la impresión que el elector pudiese,

de verdad, elegir entre un “candidato de derechas” y

un “candidato de izquierdas”. Sin embargo, las

diferencias entre Bush y Kerry son mínimas y residen sobre

todo en el “estilo”. Los desacuerdos más

significativos se  refieren a temas como el aborto, la

homosexualidad, el medio ambiente o la bioética, es decir

cuestiones a las que se les puede poner sin mayor problema la

etiqueta “conservador” o el logotipo “progresista”

sin mayor problema. En lo esencial, sin embargo, comparten los 

mismos objetivos y anuncian que proseguirán con la misma

política belicista con el objetivo de defender, cueste lo

que cueste, la nación americana. Es más, encontramos

en Kerry los mismos tonos histéricos ultra patriotas que en

su competidor Bush: “La bandera americana –dice-es

para nosotros el símbolo que mejor representa lo que somos,

aquello en lo que nosotros creemos. Representa nuestra fuerza,

nuestra diversidad, nuestro amor al país. Todo lo que

América hace es grande y bueno. Esta bandera no pertenece a

un presidente, a una ideología, a un partido. Pertenece al

pueblo americano.” (Discurso de Kerry citado en

Internationalism nº 131, set-oct 2004).

Uno

y otro intentan mantener con la misma determinación e

idéntica obstinación la  amenazada hegemonía

del imperialismo americano sobre el mundo, frente a las grandes

potencias rivales. La crítica de Kerry a la intervención

guerrera de Bush en Irak se refiere únicamente a tres

puntos: En primer lugar le recrimina el haber recurrido a una

propaganda falsaria (la“fórmula de choque” del

candidato demócrata era acusar a Bush de “una campaña

de  trapacerías masivas”) sobre la presencia de

armas de destrucción masiva en Irak. En segundo lugar le

censura haber intervenido en la guerra de Irak sin implicar

previamente a todas las potencias europeas (hay que señalar

que esta crítica no es exclusiva del “campo de los

demócratas” sino que salió hace meses de una

parte de mismísimo “clan republicano”).

Reprocha, por último, a Bush que careciera de un plan

sólido para lograr el control y la ocupación

efectiva de Irak. En resumen, lo que distingue a Kerry de Bush es

el “cómo” realizar la guerra y no el fondo de

la cuestión.  Conviene recordar que Kerry, como

senador, no solamente votó sin reserva alguna los créditos

de guerra y apoyó totalmente la invasión de Irak,

sino que no tiene otra política que proponer que la de

continuar e intensificar el esfuerzo de guerra en Irak; o sea que

no sólo defiende los mismos objetivos que Bush sino que no

le queda otra elección que la de proseguir la estrategia de

ocupación en Irak e intensificar la huida adelante de los

Estados Unidos en sus aventuras guerreras para defender los

intereses imperialistas de la burguesía norteamericana. Ya

en el propio discurso de investidura en la Convención

Demócrata, el candidato Kerry lanzaba a otros Estados y a

la ONU un desafío calcado al de Bush: “No dudaré

en emplear la fuerza si es necesario. Frente a todo ataque el

nivel de respuesta será el más adecuado. No

concederé jamás a ninguna nación u organismo

internacional derecho de veto sobre cuestiones que afectan a

nuestra seguridad nacional”. En relación con la

matraca y la cruzada antiterrorista de Bush no duda en superarla

en demagogia añadiendo de su cosecha que está

decidido a “acabar hasta con el último de los

terroristas”. Si ambos hacen las mismas declaraciones es

porque están metidos en el mismo barco, en la misma

política belicista. Hasta tal punto es así que es

Kerry quien declara querer construir y formar un ejército

americano más fuerte y quien preconiza aumentar sus

efectivos en 40.000 hombres, doblando la cifra de fuerzas

especiales, para conducir las operaciones antiterroristas; dotar

al país de nuevas armas y favorecer el desarrollo de la más

moderna tecnología militar. ¡No está mal para

un candidato apoyado por los movimientos “antibelicistas”!

En lo referente a intensificar la  militarización de

la sociedad estadounidense ambos defienden proyectos encaminados a

reforzar el arsenal represivo: Bush mediante la Patriot Act; Kerry

mediante su proyectada aplicación inmediata de las

recomendaciones de la “Comisión del 11 de Setiembre”

que propugnan mejorar los servicios de información y, con

objeto de  “reforzar la seguridad de las fronteras”

dar prioridad a los medios dedicados al espionaje y a la

vigilancia de las personas, en nombre de la defensa de la

seguridad de los ciudadanos.

 Dos

candidatos pero un mismo programa anti-obrero

En

cuanto a “lo social”, aunque a Kerry le gusta remarcar

que Bush es el primer presidente en setenta y dos años que

carga en su mandato con la pérdida de 1,6 millones de

empleos, y que en un segundo mandato de su rival las pensiones

podrían verse recortadas en un 45%; lo bien cierto es que

no tiene ninguna perspectiva de mejora que proponer. Cuando

declara que Bush es el presidente responsable de los déficits

económicos más voluminosos de la historia americana,

y que él, en cambio, se propone reducir inmediatamente el

tremebundo endeudamiento del país, lo que intenta es

enmascarar que eso sólo puede hacerse recortando, más

aún, los presupuestos sociales, tal y como hacen todos

gobiernos del planeta. Kerry ataca la política fiscal de

Bush, porque “favorece a los más ricos”, pero

las modificaciones fiscales que él preconiza ni redundarán

jamás en beneficio de los más pobres ni mejorarán

en absoluto la suerte de la clase obrera. Es verdad que se ha

producido un brutal hundimiento en la miseria de cada vez mayor

número de norteamericanos: sólo en 2003 cerca 1’5

millones de americanos han caído por debajo del umbral de

la pobreza, lo que eleva el número total de pobres

“oficiales” a 36,3 millones de personas viviendo (el

12 % de la población), entre ellos 12,9 millones de niños

o adolescentes menores de 18 años (un 18% de la población

infantil); y hay 45 millones de personas que carecen de cualquier

clase de cobertura social. Hay algo que Kerry oculta celosamente,

y es que estas cifras no han dejado de aumentar desde los tiempos

de Reagan, tanto con predidentes “republicanos” como

con “demócratas”, y que fue el demócrata

Clinton quien redujo salvajemente la cobertura social de los

programas “Medicare” y “Medicaid” (para

los ancianos, y para los pobres respectivamente).

La

fiereza de esta campaña electoral sirve para enmascarar que

ningún candidato puede ofrecer a la población algo

positivo para el porvenir. No hay ninguna mejora posible de la

situación ni en lo que se refiere a la crisis económica

ni en lo que concierne al campo de los conflictos imperialistas.

Ninguno de los dos contendientes tiene otro “recurso”

que inspirar en los potenciales electores el temor a que el otro

candidato sea el elegido.

Poco

importa quien venza en las elecciones. Los obreros no tienen

absolutamente nada que ganar dejándose atrapar en el voto;

puesto que, sea quien sea el elegido, éste no renunciará

nunca a empujar a los hijos de los proletarios a dejarse agujerear

la piel en los campos de batalla repartidos por todo el mundo,

para defender la política imperialista de la burguesía

nacional. Ni uno ni otro pueden sino agravar y hacer más

feroces las condiciones de explotación, ellos no pueden más

que hacer pagar a la clase obrera la agravación de la

crisis económica mundial. Y esos ataques seguirán

socavando el nivel de vida y hundiendo en la miseria a una parte

creciente de la clase obrera americana.

 

Wim

20/10/2004

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