El capitalismo es la guerra ¡Guerra al Capitalismo!

Ver tambien :

Versión para impresiónEnviar por email

La inminente guerra en Irak es un paso más del capitalismo en su pendiente siniestra hacia la destrucción y la barbarie. Miles o cientos de miles de trabajadores, campesinos, mujeres, niños…, van a ser fríamente masacrados por nuevos ingenios de la muerte: e-bombas, bombas casi nucleares, minas en racimo etc. Es probable también que soldados de la coalición alrededor de Estados Unidos mueran en el campo de batalla. No se puede descartar que se repita un desastre ecológico como el de la guerra del 91 donde el ejército iraquí en retirada prendió fuego a numerosos pozos de petróleo. Sobre la región de Oriente Medio planea el espectro de una desestabilización de incalculables consecuencias. La lacra de la guerra, ya de por sí muy extendida por el planeta, ampliará sus efectos devastadores pues el pulso feroz que libran en el terreno diplomático el eje franco-alemán contra el eje de Estados Unidos y sus “colaboradores” tendrá más pronto o más tarde su concreción en sangre en nuevos países. Se habla de Irán, de Siria, de Libia, de Corea del Norte etc., como futuros frentes de fuego.

No sabemos cuanto tiempo durará la masacre en Irak pero lo que si sabemos es que no acabará con el terrorismo sino que extenderá el terrorismo por el planeta. No acabará con las armas de destrucción masiva sino que pondrá en práctica y ampliará a una escala más devastadora sus efectos mortíferos. No pondrá orden y paz en el mundo sino que agravará el caos y el desorden en todas las esferas de las relaciones internacionales. Testigo de ello son las graves sacudidas que la actual crisis imperialista ha provocado en instituciones multilaterales como la ONU, la OTAN y la UE   

Pero los efectos devastadores de la guerra imperialista no se limitan ni al campo de batalla ni al terreno de la estabilidad mundial. La guerra exige un enorme esfuerzo económico cuya factura es pagada por los trabajadores de todos los países bajo la forma de más explotación, más desempleo, más sacrificios, más austeridad, más privaciones. Si es verdad que la guerra puede beneficiar a tal o cual grupo de capitalistas, la guerra supone para el capitalismo en su conjunto un enorme despilfarro de recursos, una carga cada vez más pesada que agrava la crisis –hoy de por si ya muy grave- de su régimen de producción. Y frente a esa agudización de la crisis todos los capitales nacionales solo tienen dos respuestas que se combinan y refuerzan entre si: el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores y la huida ciega en nuevas guerras.

¿Se puede luchar eficazmente contra la guerra siguiendo las banderolas del pacifismo? En las actuales manifestaciones pacifistas que inundan de gentes angustiadas e inquietas las calles de las principales ciudades del mundo vemos a los partidos socialistas, a las ONG e incluso a la Iglesia Católica ponerse a la cabeza de un movimiento “por la paz”. Debemos decirlo claramente: ni esas fuerzas que capitalizan el movimiento ni los objetivos que este se dan constituyen un obstáculo contra la guerra sino que son en realidad un obstáculo a la lucha contra la guerra.

Los partidos socialistas, así como sus cofrades ex”comunistas”- tienen las manos manchadas de la sangre de las guerras que han dirigido, apoyado o participado. En cuanto a la Iglesia Católica baste recordar su apoyo apenas disimulado a la 2ª Guerra Mundial secundando al bando nazi o su implicación directa en la “Cruzada” de 1936. Estas fuerzas que hoy visten los ropajes del pacifismo son lobos disfrazados de corderos. Su belicismo nada tiene que envidiar al del trío formado por el dios Bush y sus ángeles exterminadores Bush y Aznar. Están en contra de esta guerra pero están a favor de muchas guerras del pasado y de otras muchas del futuro.

En cuanto a los objetivos piden que se confíe en la ONU y que se respete el “derecho internacional”. Pero la ONU no es un instrumento de paz sino una cueva de ladrones donde se dirimen los duelos diplomáticos y las intrigas de pasillo que preparan las guerras. Una guerra aunque tenga la bendición del Consejo de Seguridad sigue siendo una guerra imperialista. El llamado “derecho internacional” no detiene las guerras sino que las legitima, no establece un arbitraje justo y pacífico sino que sirve de bandera de conveniencia en las peleas que libran los distintos Estados Capitalistas.

La guerra imperialista no es el producto ni de malas políticas ni malos políticos, ni de violaciones de derechos humanos o de leyes internacionales, sino que surge de la crisis histórica del capitalismo, es la expresión de su decadencia y descomposición irremediable. A lo largo del siglo XX se ha convertido en su modo de vida, en la ley misma de su supervivencia. ¡Nunca en la historia ha habido tantos muertos como en el siglo XX, época de decadencia del capitalismo!.  

PARA ACABAR CON LAS GUERRAS HAY QUE ACABAR CON EL CAPITALISMO. Pero sólo hay una clase social que puede acabar con las guerras y el capitalismo: el proletariado mundial. Así lo demostró en 1917 con la Revolución en Rusia y la oleada revolucionaria internacional que le siguió que paró la horrible carnicería de la Primera Guerra Mundial. Solo el proletariado tiene las condiciones de unidad, solidaridad, fuerza colectiva, necesarias para enfrentarse al capitalismo e instaurar un nuevo sistema social, el comunismo, que resuelva y supere las contradicciones en las que atenaza el capitalismo a la humanidad.

Con la guerra, la crisis económica va a agravarse inexorablemente y con ella ataques aún más feroces a las condiciones de vida de todos los obreros del mundo empezando por los del país que más se va a ver afectado: Estados Unidos. Los obreros deben luchar colectivamente, extendiendo su combate a las capas más amplias del proletariado, contra estos atentados a su existencia y su porvenir. En esta lucha tienen que tomar conciencia de que no basta limitarse a una resistencia contra el avance inmisericorde de la explotación. Deben unir la lucha contra la explotación a la lucha contra la guerra. Deben comprender en el curso de los combates que explotación y guerra tienen la misma raíz: el capitalismo. PARA ABOLIR LA EXPLOTACION Y LA GUERRA HAY QUE ABOLIR EL CAPITALISMO.

Acción Proletaria 13-03-03