Huracán Katrina: los culpables no son la especie humana ni la población americana; el único responsable es el capitalismo

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La magnitud de la devastación provocada por el huracán Katrina a su paso por las costas de la primera potencia económica e imperialista del mundo, las imágenes de auténticos campos de concentración de los pobres refugiados en el Superdome, del la policía y el ejército con órdenes de “disparar a matar” para preservar las propiedades privadas del “asalto” de gente desarmada que trataba de obtener agua, alimentos, ropas o medicinas,... todo esto ha causado una sincera indignación y preocupación por entender las causas de tamaño desastre social. Prueba de ella es la avalancha de comentarios que se han volcado en foros de debate en Internet[1], donde con mil formas y matices se plantean una y otra vez las mismas preguntas: ¿quién es el auténtico responsable de todo esto?, ¿qué podemos hacer frente a la perspectiva de desastres que amenaza a la humanidad?.

Nosotros compartimos plenamente esa necesidad de reflexionar, y animamos a todos los trabajadores, a todos aquellos que se preguntan si hay otro futuro diferente al “no future” que nos ofrece el capitalismo, a debatir sobre todo esto. Nosotros queremos contribuir a esa reflexión que está surgiendo y para ello invitamos a quien esté interesado en discutir sobre ello a que asista a las Reuniones Públicas que hemos convocado[2], y también queremos a través de este mismo artículo plantear aunque sea someramente nuestra respuesta a algunas de esas inquietudes.


Víctimas o verdugos. ¿Es culpable la especie humana de catástrofes como la del Katrina?


Lo primero que destaca de una lectura de los cientos de comentarios insertados en los foros, es que excepto unos pocos que decían algo así como que “catástrofes como estas han sucedido siempre en la historia”, la gran mayoria de quienes han intervenido han señalado que estamos asistiendo a una acumulación de cataclismos “naturales” y a una agravación de sus efectos sobre la población. Esta primera constatación, aunque sea meramente intuitiva o empirista, es ya muy importante, pues sirve para oponerse a las mentiras de los gobernantes de que este tipo de catástrofes serían obra del azar (o sea que cuando tocan, pues ajo y agua), e indica un principio de toma de conciencia sobre el futuro que puede depararnos esta sociedad.

Pero este principio de toma de conciencia se ve lastrado cuando se imputa esta degradación de las condiciones de existencia de la humanidad, al propio género humano. Así por ejemplo uno de los comentarios insertados en Indymedia (comentario que por otra parte plantea algunas reflexiones interesantes), señala que: «La orgullosa e hipertecnificada civilización occidental, dominante en el mundo entero, ha sido atacada frontalmente por las fuerzas de la Naturaleza. Siglos de industrialización, tecnificación y explotación irracional de los recursos ambientales, provocados por el Capitalismo para obtener el máximo beneficio económico han provocado uno de los mayores desastres que se han conocido.(...). Tanto petróleo, tanta contaminación, tanto "dominio" científico de la naturaleza, tanta urbanización incontrolada, tantas ciudades, tanta civilización... La Naturaleza, a causa de las agresiones que se cometen a diario, actúa de forma sabia. La especie humana es peligrosa para su existencia, de una forma u otra eliminará esa aberración que representa actualmente nuestra especie. Hoy ha sido un Huracán, como hace unos años Centroamérica fue arrasada por el huracán Mitch o actualmente la desertización, la capa de ozono o otras manifestaciones de nuestro ecosistema. El planeta sólo nos devuelve el producto de nuestros actos...».

Esta afirmación tan aparentemente radical, refleja sin embargo el peso de ideología de la clase explotadora, que para justificar el sistema social que les proporciona sus privilegios, confunden intencionadamente las atrocidades que este sistema de explotación inflinge al género humano con la propia “naturaleza” del ser humano, a los verdugos y a las víctimas. disfrazando por tanto a los verdugos de víctimas.

En el comentario se dice que «La especie humana es peligrosa para la existencia de la naturaleza». Tal afirmación no sólo encierra un contrasentido puesto que el hombre es parte de la naturaleza, y fruto de su evolución, por lo que habría que concluir que ya que la evolución de la naturaleza conduce a su destrucción, el hombre no estaría más que ejecutando tal ley de la evolución. Pero más alla de sofismas, este tipo de planteamientos olvida cúal es la historia de la relación del hombre con su “ser natural” como denomina el marxismo[3] a la naturaleza. Esta relación ha estado determinada por la evolución de los diferentes modos de producción que ha conocido la historia. En el comunismo primitivo el hombre era prácticamente esclavo de las leyes ciegas de la naturaleza. La superación de ese estadío de penuria de las fuerzas productivas a través de las sucesivas sociedades de clase (esclavismo, feudalismo, capitalismo), ha permitido a la especie humana sobre todo en el capitalismo, la última de las sociedades de clase de la humanidad, un dominio “objetivo” de la naturaleza, pero ese dominio no es “natural” ni “humano”, sino que está pervertido por las leyes de la mercancía y de la acumulación capitalistas. Será necesario por tanto liberar a la humanidad de esas leyes de la explotación, para acabar por fín con la oposición entre el género humano y el resto de la naturaleza[4]. Es a eso a lo que inspira la sociedad comunista resultante del triunfo de la revolución proletaria. Por primera vez, en la historia del planeta, ni el hombre estará sojuzgado por la naturaleza, ni el ser humano tendrá interés alguno en arruinar el entorno natural en el que debe vivir.

Tampoco es cierto que el “progreso” o el “avance tecnológico” en sí sea el culpable de los males de la humanidad y del planeta. En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels explicaban el avance que representaba para la historia de la humanidad, el paso del feudalismo al capitalismo: «En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las generaciones justas. Basta pensar en el sojuzgamiento de las fuerzas naturales por la mano del hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación a vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico, en la roturación de continentes entero, en los ríos abiertos a la navegación, en los pueblos que brotan de la tierra como por ensalmo... ¿Quién, en los siglos pasados, pudo sospechar siquiera que en regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción?» Pero también señala que ese modo de producción necesario para el desarrollo de las fuerzas productivas en una etapa histórica determinada, acabará convirtiéndose en una traba. Esa perspectiva se cumple con la entrada del capitalismo en su fase de decadencia[5] a principios del pasado siglo XX. El primer congreso de la Internacional Comunista tomó acta de ese cambio en la situación del capitalismo comprendiendo que lo que se abría ante la humanidad era la disyuntiva de socialismo o barbarie; es decir o bien que el proletariado lleva hasta el final su misión histórica de derrocar al capitalismo y abrir una nueva etapa en el desarrollo de la humanidad liberándola del yudo de la explotación y haciéndola pasar de la prehistoria a la historia; o bien el capitalismo lleva a la humanidad al estadio de la barbarie y de la aniquilación de todo rastro de civilización.

Lo peligroso de estas ideas[6] que imputan a los hombres, o al progreso, los males que inflinge el modo de producción que les esclaviza al servicio de los privilegios de una minoría de la humanidad, es que, aún sin pretenderlo, acaba justificando las medidas de austeridad con que pretenden atacarnos todos los gobiernos. No es de extrañar que en el citado foro de Indymedia apareciera la contribución de una afamado ecologista – Jeremy Rifkin – que se despacha: «Nosotros creamos la tormenta monstruosa. Hace casi una generación que estamos enterados del posible impacto del calentamiento global. Pero seguimos acelerando, como si no nos importara. ¿Qué esperábamos?(...) Presidente Bush: (...) Pídanos a todos que pensemos en cambiar nuestra forma de vivir derrochando energía, ínstenos a conservar nuestras reservas de combustible fósil y a hacer sacrificios en lo relativo al futuro uso de la energía. Brindenos un plan para que EEUU. Pueda abandonar los combustibles fósiles en aras de una nueva energía sostenible que se base en fuentes renovables y en hidrógeno. Estamos esperando». Así le ponemos “a huevo” la elevación de los precios de la gasolina y con ella todo lo demás. ¿Qué hizo, sino, la burguesía mundial en la crisis de 1973 aprovechando la mentira del “agotamiento” de las reservas de petróleo?. No hay nada peor que regalar la soga para ser ahorcados.


El culpable es el pueblo americano por haber votado a Bush


Junto con verdaderas y emotivas manifestaciones de solidaridad con quienes están siendo las víctimas del Katrina, en los foros de Internet han aparecido también comentarios culpabilizadores de esa misma población por mantener a Bush en el poder, por su estilo de vida “opulento” (en ¿Nueva Orleáns?) que sería el paradigma de ese “neoliberalismo” tan nefasto para el mundo,etc. Hemos podido leer comentarios como «Decididamente Bush está loco. No puede creerse que su cerebro sintonice con la mayoría estadounidense que le votó. Sería demasiado arriesgado opinar que quien está loca es esa mayoría,... aunque todo podría ser» Aquí lo que ofende, como reza el dicho, es la propia duda. También aparecen comentarios del tipo: «Por una vez y sin que sirva de precedente, los americanos sufren sus consecuencias de su amor al consumo, al petróleo, al dióxido de carbono». Y también «Los americanos se lo merecen: la naturaleza les pasa factura».

Tras el fiasco de la guerra en Irak, la catástrofe del Katrina ha puesto de moda fustigasr a Bush haciendo de su incompetencia, su prepotencia y su irresponsabilidad el origen de todas las adversidades que sufre la población en EEUU. y en todo el planeta. Es cierto que Bush es, como mandatario, de la primera potencia capitalista, responsable directo de todas ellas. Pero no el único responsable. Disparar al monigote puede ser hasta divertido y un medio de compensar las fustraciones, pero no es menos cierto que este mecanismo de “venganza personal”, tan característico de clases sin ningún porvenir histórico como la pequeña burguesía[7], sirve en realidad a los explotadores para difuminar su responsabilidad como clase dominante. Como señalamos en el artículo dedicado al Katrina, y que publicamos en este mismo número de AP: «la administración de Bush no es una aberración, sino mas bien un reflejo de la cruda realidad de que USA es una superpotencia en declive que gobierna un “orden mundial” que se hunde en el caos. La guerra, el hambre y los desastres ecológicos son el futuro que nos reserva el capitalismo». Apuntando a Bush se pierde del punto de mira a los demócratas, tan responsables (desde Clinton que comenzó los recortes presupuestarios –ver citado artículo en este AP – hasta el alcalde mismo de Nueva Orleáns) como el mismo Bush. El capitalismo norteamericano se sentirá sin duda aliviado si toda la lección que saca la población del desastre del Katrina, es que en la próxima ocasión debe votar a otro.

Otros que se sentirán aliviados serán los capitalistas del resto del mundo, y especialmente los de los rivales imperialistas europeos de EE.UU. que alientan precisamente esa idea de la causa de las desgracias padecidas por las gentes de Luisiana o Missisipi, están en el propio “estilo de vida americano”, y que esas cosas no pasarían en Europa, donde el Estado se preocupa por sus ciudadanos. Reflejando el peso de ese “antiamericanismo” tan en boga, el autor del comentario que antes citábamos (el que “no tenía claro” si Bush sintonizaba o no con la mayoria de la población americana), plantea también: «A ver si Europa sabe sacar consecuencias, aunque sólo sea por eso de que “cuando las barbas de tu vecino neoliberal veas pelar... El Estado es odioso, como sus leyes, pero más odioso y un millón de veces peor es estar sólo en manos de unos cuantos opulentos en la sombra que nos manejen criminalmente a su capricho. Todavía en el Estado está nuestra esperanza» Este mito de que en Europa el Estado es más “social”, no sólo falsea la realidad (en París, con un alcalde “socialista” miles de personas malviven en edificios ruinosos como se ha visto en el oleada de incendios de este verano; en la Alemania los hachazos al Estado del bienestar están a la orden del día,...); sino sobre todo, como se expresa abiertamente en el citado comentario, se llama a los trabajadores sojuzgados por el Estado a... defenderlo.

Pero si graves son esas concesiones a la ideología democrática, a las ilusiones en las elecciones y en el papel del Estado burgués, mucho más lo son las afirmaciones que hablan (como ya hicieron algunos grupos izquierdistas en el 11-S) del “merecido castigo” que deberían aceptar los explotados norteamericanos por los crímenes de sus explotadores.

Aquí no sólo nos encontramos con una venenosa defensa del valor de la ideología democrática que congratularía al propio Bush, sino que se le saltarían las lágrimas al ver cómo “rojillos” y “antiyankis” le acaban dando la razón: Sí señor, el pueblo iraki debía pagar las culpas por haber mantenido en el poder (con un 99’9% de apoyo además) a Saddam Hussein. Esa culpabilización de los gobernados de las atrocidades de los gobernantes es, recordémoslo, la justifición última de la guerra imperialista.


Ante el desastre del Katrina, como ante el tsunami del Diciembre pasado es necesaria una reacción de indignación ante la catástrofe social que es el capitalismo, y de solidaridad con las víctimas, y no de indignación con las víctimas y de apoyo a tal o cual fraccion de la criminal clase capitalista.


ALBA/ETSOEM.

20/09/2005.


[1]Nosotros hemos seguido y hemos participado en (www.indymedia.org) , y en (www.alasbarricadas.org).

[2]Ver en nuestra web (www.internationalism.org) las fechas y lugares de nuestras Reuniones Públicas.

[3]Una de las patrañas más difundidas contra el marxismo es que sería “antropocentrista”, es decir que no habría prestado interés alguno a lo que no fuera la restringida historia de la especie humana, la lucha de clases, etc. Basta leer por ejemplo “La Dialéctica de la Naturaleza” o “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”, ambos de Engles, o los “Manuscritos Económicos y Filosóficos” de Marx para comprender la falsedad de tal patraña.

[4]Tampoco compartimos la afirmación contenida en el comentario de que estaríamos asistiendo a una especie de “venganza de la sabia naturaleza, que acabará con la especie humana que tantos sufrimientos la inflinge”. No se trata de negar la evidencia de que el deterioro de las condiciones medioambientales repercute en la degradación de la existencia de una especie más de la naturaleza. Pero atribuir los sufrimientos del hombre a la acción de una especie de “conciencia cósmica” que le castiga con sus desmanes, no sólo le abre la puerta precisamente al cinismo de la burguesía que niega toda responsabilidad en las catástrofes naturales, sino que conduce al peor de los fatalismos, “cargando” con ello de razón a los gobernantes burgueses que ante catástrofes como la del Katrina se lavan las manos y nos dicen: “no se puede hacer nada”. Si el proletariado no erradica el capitalismo de la faz de la tierra, este sistema social destruirá a la especie humana y a la tierra entera.

[5] Ver en particular la serie de artículos que estamos publicando en nuestra Revista Internacional desde el número 117.

[6]Estos planteamientos que a menudo parten de una descripción minuciosa de todos los males de la sociedad actual, propugnan como “alternativa” una mera vuelta atrás en la historia. En la Revista Internacional nº 63 (“Quién envenena la tierra es el capitalismo”) y nº 104 (“Sólo la revolución proletaria salvará a la especie humana”) hemos criticado esa ideología “primitivista”.

[7]No es de extrañar la adhesión de artistas, intelectuales, profesionales a esta “cruzada anti-Bush”.