Correo del lector: Guevarismo, una ideología contra-revolucionaria

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Correo del lector

Guevarismo: Una ideología contrarrevolucionaria


Algunos jóvenes que actualmente discuten posiciones de la izquierda comunista se han planteado una discusión sobre las posiciones políticas de la corriente guerrillera, más particularmente de la representada por Ernesto «Che» Guevara. Esta ideología tuvo su auge en los 60 y 70 sembrando la confusión e inoculando ideología burguesa pura a través del «modelo cubano» con su tristemente famosa máxima de la «vía cubana al socialismo». En este artículo breve trataremos de asumir sólo algunas posiciones políticas típicas del guevarismo para tratar de demostrar que su legado no pertenece al proletariado sino a la burguesía. Aclaramos de antemano que no atacamos a las personas ni podemos cuestionar sus intenciones ni su honestidad, lo que denunciamos son sus posiciones políticas burguesas. Es justamente esto último lo que abordaremos.


Teoría del socialismo en un solo país: Punta de lanza de la contrarrevolución

La revolución rusa de 1917 abrió un periodo insurreccional a nivel mundial que fue seguido por la revolución en Alemania, las huelgas masivas en Gran Bretaña, los Consejos Obreros en Hungría, etc. sin embargo, no se pudo concretar la unificación mundial de estos combates obreros y la revolución rusa quedó aislada y condenada a su estrangulamiento. Ese aislamiento fue el factor decisivo que provocó la degeneración del partido bolchevique y de la misma revolución, el punto clave que mostró a los marxistas que esta revolución dejaba de respirar, lo constituyó la adopción (a mitad de los 20) por parte de la Internacional Comunista, de la consigna de la «construcción del socialismo en un solo país», tal declaración era el acta de defunción de la revolución ya que justificaba el sacrificio por la nación, por la «patria socialista», en detrimento de la revolución mundial. Esta teoría es la antítesis del proletariado, mientras que éste trata de barrer las fronteras y de construir una comunidad humana mundial, el «socialismo en un solo país» genera el mito de que puede haber una isla comunista en un mar capitalista y, lo que es peor, que la nación, el nacionalismo, serían compatibles con el comunismo. Una revolución triunfante en cualquier país tendrá la obligación de extenderse o morir, no se puede «construir» socialismo en un país o región sin destruir al capitalismo a escala mundial.

El guevarismo no sólo defendió la idea de la existencia del socialismo en la URSS o en China, sino que fueron el «modelo» para justificar la «vía cubana al socialismo». Construir el socialismo en un ignoto paraje parece más un producto de la voluntad que una consecuencia arrojada por una revolución que se ha extendido a nivel mundial. El «Che» Guevara afirmaba que «la sociedad socialista se podía desarrollar en un solo país aislado, aún en las condiciones del más terrible cerco imperialista, como fue el que debió enfrentar la Unión Soviética durante los primeros años de la creación del Estado soviético»1. Habrá que agregar que el «Che» no reparó en elogios para hacer pasar las bondades y cualidades «superiores» del «campo socialista» por encima del «campo capitalista» haciendo alusión a las «tasas de crecimiento superiores»2, tal disparate fue hecho trizas por la historia del derrumbe de la URSS y todo su bloque a principios de los 90 (una enorme miseria de los trabajadores en el Este y sus satélites). Alimentando el mito de la existencia de «socialismo» donde sólo había un capitalismo de estado brutal y una dictadura feroz de una burguesía de ropajes rojos, el guevarismo rindió (y sigue rindiendo en parte) una preciosa contribución a la ideología burguesa.

Para el «Che», tomar el poder político en un país «por el pueblo» (término interclasista tan socorrido por sociólogos y demás ideólogos burgueses) se «habrá cristalizado la primera etapa de la revolución socialista; estarán listos los pueblos para restañar sus heridas e iniciar la construcción del socialismo»3. En palabras claras, el guevarismo levanta muros alrededor de las fronteras nacionales, condena todo proyecto al mítico concepto de «pueblo» sin superar los límites de la nación. El guevarismo abreva pues en las turbias aguas del estalinismo y del nacionalismo más rancio.


Voluntarismo guevarista, antítesis de la conciencia de clase del proletariado

La revolución comunista se distingue del resto de pasos del asenso de la humanidad en que es, ante todo, una obra conciente y colectiva. La clase revolucionaria, el proletariado, sabrá cómo y porqué es necesario transformar el mundo. Por primera vez en la historia los factores CONCIENCIA y COMBATE COLECTIVO revisten una importancia fundamental para la revolución. Contrariamente a esto, en el guevarismo encontramos un desprecio más o menos explícito por la teoría y un desdén olímpico por la conciencia obrera y, al mismo tiempo, promueve y glorifica la violencia minoritaria. El «Che», refutando el principio marxista de que «sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario» (Lenin), no tiene empacho en afirmar que «la revolución puede hacerse si se interpreta correctamente la realidad histórica y se utilizan correctamente las fuerzas que intervienen en ella, aún sin conocer la teoría»4, basta entonces con un buen «analista» y un buen organizador (Fidel y el «Che»?) para que una revolución proletaria sea posible. Esta visión no es un «desliz» inocente, es una concepción bien estructurada del guevarismo. El «foquismo» es la más pura expresión de ese voluntarismo, donde las condiciones históricas y la comprensión de éstas son suplidas por el deseo y el «heroísmo» de una minoría. Las condiciones subjetivas (la conciencia de la necesidad de la revolución), según el manual guevarista, «se crean mediante la lucha armada que va haciendo más clara la necesidad del cambio (y permite preverlo) y de la derrota del ejército por las fuerzas populares y su posterior aniquilamiento»5, el «foco insurreccional» crea las condiciones. Este simplismo hace eco en la impaciencia pequeño burguesa y en el activismo sin principios que se comen las uñas por «entrar en acción», por «hacer algo», no les importa si ese «algo» ¡va en sentido contrario a sus deseos! Esta desesperación individualista tiene su remate en lo que Guevara consideraba como un motor de la revolución, no se trata de la conciencia sino del odio: «El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta y selectiva máquina de matar»6 . Más allá de esta escalofriante imagen, es de por sí evidente que esa visión es completamente ajena al proletariado y al marxismo. El odio al zarismo, por ejemplo, y que bien ganado se lo tenía, no hubiese producido jamás tan formidable revolución como la de 1917 en Rusia. El odio nunca ha sido ni será un fundamento de la revolución comunista, jamás será la base de la organización masiva y conciente del proletariado. Una nueva sociedad será el producto de una comprensión científica de la lucha de clase, del capitalismo y de la necesidad material del comunismo. El odio es enemigo de la conciencia.


Nacionalismo guevarista, enemigo mortal del internacionalismo proletario

El «Che» pronunció varios discursos y escribió varios textos hablando de la necesidad del «internacionalismo proletario». Sin embargo, todo se reduce a un nacionalismo a ultranza. Antes de tocar el punto hay que señalar que el «Che» partía de un concepto falso de imperialismo donde los EUA serían el «enemigo principal a vencer», el guevarismo hizo del «imperialismo» un sinónimo de EUA, cubriendo así las espaldas a la URSS, China, y demás países de todo el mundo. Para el marxismo el imperialismo no es tal o cual país, es el modo de vida del capitalismo decadente donde ninguna nación, grande o pequeña, puede sustraerse a esta dinámica histórica. Así, para el «Che» desprenderse de la tutela americana y caer en los brazos de los rusos sería...¡Internacionalismo»!, en esta lógica la invasión del «ejército rojo» a Europa a fines de la II Guerra Mundial, así como la invasión a Checoslovaquia en los 60 o a Afganistán en los 80 sería unas bellas expresiones de «internacionalismo». El guevarismo ha representado históricamente un aliado indispensable de la URSS y de China en la lucha imperialista desarrollada en el marco de la «guerra fría».

No exageramos, el «Che», conciente o inconscientemente, asumió el papel de reclutador de carne de cañón para alimentar las pugnas imperialistas entre la URSS y los USA. Para muestra basta este botón: «Las armas no pueden ser mercancías en nuestros mundos, deben entregarse sin costo alguno y en las cantidades necesaria y posibles a los pueblos que las demanden, para disparar contra el enemigo común. Este es el espíritu con que la URSS y la república Popular de China nos han brindado su ayuda militar»7 Bajo estos criterios, habría que incluir entre los grandes «internacionalistas proletarios» a Lázaro Cárdenas (que envió armas para apoyar a un bando en la guerra civil española de 1936). El internacionalismo no se puede reducir al «apoyo militar» o «económico», el internacionalismo nada tiene que ver con tomar partido entre bandidos imperialistas (URSS-USA), el internacionalismo es la piedra angular del marxismo que sintetiza la obra mundial de la revolución. El internacionalismo no es la «elección» de una nación o de un grupo de naciones, el internacionalismo pugna por la abolición de todas las naciones. Es por ello que denunciamos la postura guevarista como burguesa ya que desnaturaliza y niega el verdadero sentido del internacionalismo. Para el «Che» sería sinónimo de internacionalismo «morir bajo la enseñas de Viet-Nam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia, de Brasil, para citar sólo los escenarios de la lucha armada, sea igualmente glorioso y apetecible para un americano, un asiático, un africano, y aún, un europeo»8.Esta última frase no deja lugar a equívocos, para el «Che» el internacionalismo no era la abolición de las naciones, sino la abolición de la nacionalidad del individuo para que éste se haga destripar por cualquier burguesía de otro continente, de preferencia, claro, por burguesías que se oponen a los EUA.

A la consigna nacionalista y reaccionaria del «Che» de «¡Patria o muerte!» los comunistas debemos oponer el grito de guerra de «¡Revolución mundial o barbarie capitalista!».

DAN/14-10-05

Notas:


1«Sobre la construcción del partido», Discurso, marzo de 1963.

2«Contradicciones en la era del imperialismo», Discurso en Ginebra, mayo de 1964.

3«Guerra de guerrillas, un método», septiembre 1963.

4«Notas para el estudio de la revolución cubana», Artículo publicitado en la revista «Verde olivo», octubre 1960

5«Cuba: ¿excepción histórica o ejemplo de la lucha anticolonialista?», ensayo aparecido en «verde olivo», abril 1961.


6«Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Continental», Discurso de abril de 1967.

7«Liberación nacional e internacionalismo proletario». Discurso de Argel, febrero de 1965.

8«Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Continental», Discurso de abril de 1967.