Elecciones 2006, ¿Regresa el PRI al gobierno?

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Una vez que hemos denunciado, desde el enfoque marxista, la trampa electoral y parlamentaria como una mistificación de la burguesía contra el proletariado (RM88), y que evidenciamos sus esfuerzos en los últimos veinticinco años para sacar adelante su proyecto económico y político que le exige su dictadura de clase (RM89); en este artículo nos proponemos analizar la situación del Partido Revolucionario Institucional (PRI) siempre con el propósito de clarificar ante los trabajadores las trampas que le tiende la clase capitalista. En el 2000 el partido de Estado fue relevado después de que la burguesía había preparado el recambio desde hacía, por lo menos, dos décadas para coronar, como ya lo hemos demostrado, objetivos precisos del proyecto multicitado en estas páginas. En términos generales, hemos evidenciado cómo después de más de setenta años de gobierno basado en un partido de Estado, la clase burguesa mexicana necesitaba reestructurar su vida interna siendo claro que el antiguo esquema (partido único) por décadas perennemente adecuado (PNR-1929, PRM-1938, PRI-1946), ya resultaba más que inoperante y obsoleto.

Durante cinco años, hemos dado cuenta de las dificultades internas de la burguesía para encontrar de nuevo un modelo de funcionamiento estatal que le permita avanzar en sus planes de clase, problemas que derivan, esencialmente, de la ruptura de los amarres antes garantizados por el PRI. Estas pugnas interburguesas tienen su escenario en las diversas estructuras constitutivas de la clase dominante: en el sector empresarial, en los partidos políticos, en el ejército, en las organizaciones del narcotráfico, en el clero; la fractura ha dominado la vida política del país como una expresión, fundamentalmente, del periodo de descomposición social generalizada del capitalismo cuyos resortes brotan de la tendencia dominante al cada quien por sí mismo, a la búsqueda individualista del mayor beneficio a costa de los demás, una situación particularmente exacerbada por la disputa del control estatal a nivel nacional que tantos beneficios económicos y políticos reditúa a la fracción burguesa que lo detenta; todo esto, en un contexto de agudización y profundización de la crisis económica que todo lo constriñe, aún si esta actitud va en contra de los intereses generales y vitales de su clase como un todo.


<<>>La decisión en negativo>

En este marco, la situación del PRI es particularmente ilustradora de las dificultades de la burguesía. Si bien es verdad que los sectores de la burguesía con una comprensión más clara de lo que le conviene a su clase relevaron a este partido del gobierno nacional porque ya no le era útil dados los nuevos requerimientos de su dictadura, esto no significa que tal cosa se haya hecho con el acuerdo unánime de todas las fracciones de la misma sino que se llevó a cabo en contra de los sectores más rancios de este partido que son los que hoy están precisamente exigiendo su regreso al poder nacional, a toda costa. Durante todo el gobierno de Fox han estado preparando su regreso no sin enfrentar duros golpes de las otras facciones que dominan dentro del Estado. Así, hemos asistido a varios intentos en contra del PRI para evitar que tome fuerza y pueda retomar el mando presidencial; por ejemplo, el último escándalo de corrupción armado desde las entrañas mismas del Estado contra Arturo Montiel contendiente de Roberto Madrazo en realidad tenía como objetivo máximo golpear de manera espectacular a este último y, por lo tanto, al mismo PRI evidenciando sus vicios corruptos ante los ojos de los electores. La renuncia lastimosa del afectado pero sobre todo la situación de evidente fragilidad en que quedó el otrora fuerte Madrazo demuestran que, efectivamente, el dardo envenenado tuvo un efecto maquiavélico de lo más efectivo. Hasta podríamos decir que para la burguesía ya está tomada su decisión para el relevo del 2006 pero... en sentido negativo: el regreso del PRI al gobierno federal representaría un retroceso a varios niveles pero sobre todo en lo que concierne al sostenimiento de la campaña democratizadora del sistema político frente al proletariado; una constatación por demás válida si consideramos que el mito de la democracia y de las elecciones se mantienen, precisamente, debido a la necesidad de inculcar en la conciencia del proletariado que son el único medio para mejorar su condición de explotación. Una razón nada menor.


Una resistencia encarnizada

A pesar de los reveses sufridos, el PRI está demandando con gran fuerza ser considerado dentro del juego, presumiendo muy alto que lo ha hecho todo por modernizar y democratizar su aparato, además de que está ofreciendo una capacidad de control y estabilidad, dada su implantación nacional, de las diferentes instancias de gobierno que actualmente están desestabilizadas y, que, en última instancia, su situación no se diferencia mucho de la de los otros dos partidos importantes (PAN y PRD), los cuales experimentan efectivamente el mismo tipo de dificultades producto de su matriz política común (como lo veremos en próximos artículos). Además, no hay que olvidar la reserva considerable de fuerza política que todavía detenta el otrora partido de Estado en varias regiones del país que operan en la práctica como verdaderos feudos políticos; por ejemplo, este partido todavía detenta la mayoría de las gubernaturas en los estados aún si algunos de ellos son dominados por gobernadores opuestos al grupo de Madrazo. El PRI va por la grande para recuperar las prebendas que brinda el poder presidencial y que permite sostener las exigencias de su aparato que, sin estos privilegios, ha sufrido serios descalabros en los últimos años. En última instancia, si esa posición central no se recuperara, de todos modos la negociación de una buena tajada del pastel le brindaría a este organismo importantes beneficios económicos y políticos nada despreciables. En esta perspectiva, en los meses por venir seremos testigos de una agudización de las pugnas interburguesas y particularmente de los esfuerzos desesperados del núcleo duro del PRI, no sólo, ni mucho menos, para evitar su debilitamiento, sino sobre todo para imponerse a los planes centrales del Estado burgués mexicano en los cuales no encaja, por el momento. Es decir, la «racionalidad» del proyecto de la burguesía mexicana no es una garantía, claro está, de que todas las fracciones de esta se someterán a esos planes; como lo hemos demostrado siempre, los diversos grupos de interés que operan al interior del Estado se aplican a fondo para no quedar fuera de la repartición del gran pastel.


¿Cuál es la situación actual del PRI?

Después del último golpe, el PRI continúa procesando el caso de Elba Esther Gordillo, cacique sindical del (SNTE) quien ha funcionado como «caballo de Troya» en su interior, anotándose varios puntos a su favor. Relacionado con esto, tomemos nota del desgajamiento de varios grupos de priístas en varios estados del país enarbolando el pretexto del desacuerdo con las «prácticas antidemocráticas de Madrazo», cuando en realidad son impelidos por el cálculo burgués del beneficio pragmático (por ejemplo, gran cantidad de expriístas se han ido a la coordinación de las redes ciudadanas pro voto de AMLO calculando que esa es la orientación dominante del Estado burgués). También, hay que advertir un contexto desfavorable en su campaña consistente en cierto «vacío» de promoción de parte de los medios de difusión burgueses más importantes (recordar, por ejemplo, sus dos desangelados e ignorados «debates»). Una situación que da cuenta precisamente de una orientación de los principales grupos de la burguesía que no le favorecen al actual PRI.

Sin embargo, esto no quiere decir que el núcleo duro de este partido vaya a tirar la toalla tan fácilmente sino que, al contrario, lo está haciendo todo por salirse con la suya conociendo hasta el último detalle las reglas del juego electoral. En efecto, la primera posibilidad es estar dentro de la contienda, luego, hay que utilizar todos los recursos disponibles y los medios que sean necesarios, en su caso el aparato de maniobra electoral que funciona todavía a las mil maravillas a la hora de sumar votos, obviamente, al mismo tiempo hay que sumar adeptos dentro de los diversos grupos en disputa para imponer una relación de fuerzas favorable y esto incluye el famoso «cabildeo» también en las esferas del poder del Gran Padrino para obtener el «palomeo» decisivo. Esto podría posibilitar que los recursos con que cuenta el Estado capitalista se orienten de un lado o de otro y el PRI lo sabe mejor que nadie.

¿Cómo opera el juego electoral de la burguesía para decidir a quién elegir?

Si estuviéramos en pleno dominio del partido de Estado estas dificultades se solucionarían de un plumazo mediante el fraude electoral. Si embargo, como lo hemos ya analizado, la burguesía se ha previsto desde los años 80 de implementar las llamadas reformas electorales (de las que surge el IFE) con las cuales ha logrado superar en gran medida precisamente un sistema de fraude electoral e instituir uno de «elecciones limpias». Y este esfuerzo responde al objetivo de hacer creíbles las elecciones después de siete décadas de contar con mecanismos por demás burdos y arcaicos. En esto radica uno de sus mayores éxitos al nivel de la mistificación democrática pues vende la idea a los explotados de que cualquier candidato tiene las mismas oportunidades de competir y de ganar siempre y cuando sea favorecido por el voto de la mayoría de los ciudadanos, de ahí la gran fuerza mistificadora de este mecanismo de control. Sin embargo, lo que no dice es que tal proceso donde efectivamente «los votos sí cuentan» es manejado completamente por el Estado burgués no sólo en sus ejes fundamentales sino que, sobre todo, hay un manejo fino de sus orientaciones generales a través de sus medios de difusión que utilizan los más variados recursos para hacer crecer o disminuir una candidatura: video escándalos, denuncias de negocios turbios, informaciones tendenciosas de todo tipo, encuestas amañadas, etc., etc., con los cuales se administra la orientación del voto de los potenciales electores a los cuales se les induce su preferencia por tal o cual personaje de la burguesía; y no es para menos si consideramos la abrumadora campaña diseñada profesionalmente con criterios sociológicos, psicológicos, mercantiles, etc., para determinar una «opinión», una «preferencia»...

De esto se trata actualmente, la burguesía lleva ya un buen tiempo tratando de ponerse de acuerdo para imponer, de esta manera, su orientación política más conveniente a las necesidades actuales. Y aquí reside precisamente el problema pues más allá de la corrupción imperante en toda la llamada clase política de la burguesía, más allá de la irresponsabilidad y pusilanimidad que puedan caracterizar a tal o cual grupo o individuo burgués, el Estado capitalista debe tener la capacidad de lograr un acuerdo para llevar adelante una determinada orientación sin que se ponga en cuestión el control del sistema, lo cual podría llevar a resultados indeseables. Esta es la búsqueda actualmente.

En cuanto al PRI, como lo decíamos, hay ya varios indicios en el sentido de que no goza de las simpatías de una amplio segmento de la burguesía, sin embargo, es claro que se la va a jugar a fondo con los grupos que lo apoyan a pesar de los cálculos muy «razonables» del resto de burgueses que recomiendan no retroceder en sus proyectos económicos, políticos y sociales. Hasta el momento, pareciera que los otros dos contendientes «serios»: Felipe Calderón del PAN y López Obrador del PRD más o menos se ven favorecidos en el sentido de que para el Estado capitalista cualquiera de ellos y los grupos que los sustentan tendrían la capacidad de llevar adelante sus planes en el terreno económico, político y social además de la delegación imperialista del Gran Padrino estadounidense para servir como lugarteniente en su patio trasero latinoamericano. Normalmente, estas consideraciones norman los criterios de la burguesía en su interior y al nivel de sus relaciones internacionales para elegir a sus equipos de gobierno. El PRI tiene el perfil para cumplir excelentemente las tareas en el aspecto económico y en el relacionado con América Latina, sin embargo, en este momento no ayuda a cohesionar a la burguesía, y aunque la dispersión política impide que cualquiera de ellos lo pueda asegurar, su actuación pragmática los lleva a la elección del «mal menor».

La burguesía es una clase que no se caracteriza precisamente por su capacidad de consenso y de toma de conciencia sino que, al contrario, su accionar esta condicionado por el conflicto de intereses y la competencia perenne en su seno. Cada capitalista o grupo de ellos busca imponer sus decisiones a costa de los otros, y en su caso la nomenclatura del PRI, vista su situación desesperada por recuperar sus privilegios, buscará pasar por encima de los demás. Es por ello que no hay ninguna garantía de que los planes que más convienen a la burguesía puedan avanzar de manera segura. Cada grupo se la está jugando con todo y acepta las reglas del juego electoral apostando a que logrará acumular los mayores apoyos para acceder al poder presidencial.

Todavía falta mucho para poder pronunciarnos en qué sentido puede estarse orientando la burguesía y aunque no es nuestra tarea adivinar qué candidato ganará, sí tenemos la obligación de clarificar ante el proletariado los escenarios políticos en los cuales tendrá que desarrollar su lucha de clases, denunciar las nuevas trampas, prevenirle de los nuevos temas mistificadores, etc. La clase burguesa regentea su democracia electoral manejando todos los hilos posibles que le permiten manipular completamente el proceso y asegurar los resultados, y lo hace no sólo por necesidades de mistificación ante la clase obrera sino también por los requerimientos de gestión de las disputas de sus diferentes grupos de interés, en su funcionamiento interno. Los trabajadores deben comprender estos mecanismos del aparato Estatal de sus explotadores si quieren, a plazo, desembarazarse del lastre ideológico de la democracia electoral que los mantiene atados todavía a las ilusiones de cambio provenientes de las mismas entrañas del Estado capitalista. En este mismo sentido, los próximos artículos de la serie tratarán acerca de los otros partidos y de las tendencias políticas a nivel internacional y regional, siempre con el firme propósito de aportar elementos de clarificación a favor de su combate de clase.

RR/diciembre del 2005