ALCA: Acuerdos comerciales regionales o comercio justo, una falsa disyuntiva para el proletariado

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El capitalismo es el primer modo de producción que expande su poderío a nivel planetario, el ansia de enriquecimiento de la burguesía destruyó las barreras geográficas y desechó las restricciones políticas que impedían su extensión. Este proceso fue conducido por el comercio a la vez que permitió a los Estados-nación consolidados enfrascarse en una guerra de competencia. En su deseo por la obtención de una superior ganancia el capital somete a las antiguas formas productivas y al mismo tiempo marca una estructura heterogénea con diferentes niveles de desarrollo, no obstante todas los Estado-nación, sin importar su tamaño y desarrollo, busca imponerse y someter a su dominio económico y político al resto.

Los especialistas de la economía pretenden encontrar como un fenómeno nuevo a la mundialización de la economía, sin embargo Marx y Engels desde el siglo XIX tenían en claro esta dinámica, en una carta de Marx a Engels, hablaba así de este proceso: «La tarea específica de la sociedad burguesa está en el establecimiento de un mercado mundial... Como el mundo es redondo, esto parece acabado con la colonización de California y Australia, y con la apertura de China y Japón...» (Carta del 8-10-1858).

De manera que si la expansión del capitalismo se da imponiendo a la mercancía como relación social dominante, al extenderse el mercado por todo el mundo, se abre la DECADENCIA del sistema haciendo la competencia más feroz. Por eso, el principio de la «ciencia económica» que supone que el libre comercio tiene la propiedad de conducir al «equilibrio», mitigar las desventajas de cada país y «generar crecimiento y prosperidad» (texto borrador del ALCA), no es sino una patraña ideológica de la clase dominante para ocultar que la COMPETENCIA es una guerra a muerte entre capitalistas. Así pues, el comercio es la base y esencia del capitalismo, por eso las declaraciones que en contra del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) del aparato de izquierda del capital y los lloriqueos por un «comercio justo», es una declaración que, aunque se encubre de discursos sentimentales, filantrópicos y de oposición a la injusticia, busca atrapar la conciencia de los trabajadores y enrolarlos en el apoyo de la burguesía de los «países pobres», hacerles creer que el capitalismo puede ofrecer mejoras a la humanidad. De frente a esta maniobra los trabajadores deben tener en claro que su lucha no es contra el ALCA, ni por un comercio justo, su terreno de combate no esta al lado de ningún burgués, su verdadera lucha se encuentra contra el capitalismo, contra la degradación de sus condiciones de vida, no importa de que nacionalidad sea el patrón, la lucha de los trabajadores es contra el sistema que los explota y reprime...


ALCA: expresión de la agudización de la crisis capitalista

El ALCA es un proyecto que expresa las dificultades económicas y políticas que la crisis ha generado en tanto ha venido a exaltar la concurrencia capitalista. Esta agudización de la crisis ha conducido a que los EUA pierdan su fuerza comercial, por lo que buscan agrupar a los 34 países de la región en un proyecto de integración el cual contemple además del aspecto comercial, la vigilancia y reorganización de las economías latinoamericanas, así como el reforzamiento del dominio político de los EUA.
El comercio de EUA con el sur de América representa apenas el 8% de su comercio, no obstante es una región que requiere mantener bajo su dominio. En las últimas décadas en América Latina ha crecido la intromisión de la Unión Europea (UE), haciendo que el Tío Sam se sienta amenazado, instrumentando medidas preventivas. No es raro que la UE declare su oposición al ALCA y en cambio promueva la consolidación del MERCOSUR (formado por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) con el que mantiene mayores relaciones comerciales. Por eso ante la pérdida de terreno en la guerra comercial, los EUA buscan marcar la exclusividad de su mercado, aunque alcanzar este objetivo no ha sido fácil. Inicialmente se tenía previsto que este acuerdo se consolidara para inicios de 2005, pero los choques de intereses de la burguesía de los países del continente, ha impedido se consolide. La burguesía brasileña, por ejemplo, se ha opuesto a esta alianza comercial, porque considera le restará dominio al MERCOSUR.

De manera que si el principio fundamental que rige el comercio es la competencia, se entiende entonces que cada Estado busque perpetuar su dominio comercial por cualquier forma; aunque en su discurso proclame la liberalización comercial, el peso de la crisis y el ansia de ganancia lo obliga al uso de estrategias «tramposas» como el subsidio o el «dumping», por eso cuando los grupos altermundistas lloriquean y piden «comercio justo» saben que es imposible pero pretenden hacer creer a los trabajadores que el capitalismo puede eliminar su esencia destructiva y barbara.


¿Puede haber comercio «justo?

Aquellos que proclaman la necesidad de tener comercio justo, hacen referencia al hecho de que países como EUA da como subsidio cada año a su agricultura el monto de 19,000 millones de dólares (mdd), Japón lo hace con 30,000 mdd y la UE con 60,000 mdd, esto por supuesto implica una potenciación de las fuerzas productivas de estas regiones y con ello la quiebra de aquellas que son incapaces de soportar una competencia bajo este esquema, pero eso que extraña tanto al filisteísmo altermundista, no es sino la representación desnuda de lo que es la competencia, es decir de la guerra de rapiña entre burgueses donde el más fuerte se come al débil... esa negación de toda solidaridad humana, esa irracionalidad extrema es la esencia del capital y la única forma de acabar con ella es con la eliminación del capitalismo.

Agrupaciones «humanitarias» y filantrópicas, como Oxfam, para probar que el problema del sistema se encuentra en la falta de justicia en el comercio, plantean el caso de los obreros de la industria de la confección en Bangladesh, a los que, nos informan, se les paga el mísero salario de 1.5 dólares por día, de tal forma que reconocen que hay un alto grado de explotación, pero consideran que esto tendría solución si los países ricos se apiadan y reducen «sus altas tarifas de importación <y le otorgan> a Bangladesh su justa cuota de mercado...» (www.comerciojusto.org), es decir no sólo suponen que el capitalismo puede transformarse en un sistema humanizado y racional, sino además están llamando a una alianza de clases, en la que los trabajadores se comprometan a defender las ganancias de su patrón, suponiendo que así mejorará su condición de vida... De forma similar la reunión altermundista denominada «La Cumbre de los Pueblos de América» llevada a cabo en Mar de Plata Argentina (nov. 2005), proclama que: «Para acabar verdaderamente con la pobreza, el desempleo y la exclusión social, es necesario y posible una integración desde y para los pueblos», es decir, nos repiten su veneno: la solución está en la «humanización» y democratización del capitalismo... Estos argumentos y aquellos que llaman a defender la soberanía y las riquezas nacionales (todo ello en un pretendido combate contra el imperialismo) no son expresiones de una falta de claridad, son construcciones de la burguesía para envenenar a la clase obrera e impedirle alcanzar la conciencia de que la verdadera causa de su penuria se encuentra en la existencia del sistema capitalista.


Fox vs Chavéz, Castro vs Bush... pugnas entre imperialistas

No cabe duda que los vientos «antiyanqui» siguen creciendo en la región. Lo que es presentado por la burguesía como «proyectos distintos» es en realidad la superficie de un fenómeno profundo. Durante décadas esta región estuvo incontestablemente bajo la tutela norteamericana. Sin embargo, el fin de los bloques imperialistas (1989) marcó la entrada en el mayor caos de la historia a nivel de las tensiones entre las burguesías de los diferentes países. Es verdad que en América Latina los EUA seguirán manteniendo el control de la región, pero al mismo tiempo hay que constatar que hay fracciones de la burguesía que intentan zafarse de ese sometimiento e intentan jugar cartas más «independientes». Tal es el caso de H. Chávez de Venezuela que con el apoyo de Fidel Castro y del mandatario argentino, Néstor Kirchner, y con una velada complacencia activa de Lula, ha arreciado sus diatribas «contra el imperialismo»... ¡claro, contra el «imperialismo norteamericano»!

Como lo hemos dicho otras veces, bajo el capitalismo decadente todos los Estados, pequeños o grandes, son igualmente imperialistas. El imperialismo no se mide por el tamaño del ejército, el imperialismo es la política de la burguesía en la decadencia de su modo de producción; que unas burguesías tengan menos medios que otras para tratar de imponer sus intereses no cambia en nada la naturaleza de sus posturas. Es por eso que las posiciones de un Chávez al atacar a Bush no lo hace en «interés de lo pueblos» sino en interés de fracciones de la burguesía latinoamericana que intenta desprenderse de la influencia de EUA, sin embargo, el futuro de todas las burguesías de la periferia es zafarse de un lado para caer bajo el dominio de otro, en este caso los europeos merodean la región para tratar de desestabilizar el patio trasero de los EUA.

La burguesía venezolana y la fracción de Chávez en particular, van a jugar una carta importante: el petróleo y el gas. El proyecto de hacer un gasoducto hasta Argentina se puede explicar como una manera de «amarrar» a la burguesía argentina a los «deseos bolivarianos» y al «frente antiyanqui». Al mismo tiempo, el gasoducto a Colombia, aliado por ahora incuestionable de los EUA, no implica el mismo nivel de chantaje. En pocas palabras, si la cuestión petróleo o gas juegan a nivel de las tensiones imperialistas, es siempre como elementos supeditados a intereses más globales de la burguesía.

Chávez dice que «en la batalla del Mar del Plata demostramos que es posible resistir y derrotar a las fuerzas imperialistas», pero no se trata en ningún caso de una victoria para los explotados de la región, es simplemente expresión de las tensiones que se desarrollan entre las diferentes fracciones de la burguesía internacional. Por eso el que México haya salido de esta cumbre en medio de conflictos con Argentina y con Venezuela no se puede explicar exclusivamente a partir del «estilo bruto de Fox» o de los arrebatos tropicales de Chávez. Este fenómeno se tiene que explicar a la luz de la inexistencia del marco de los bloques imperialistas salidos de la II Guerra Mundial. Durante toda la guerra fría todos estaban de acuerdo o aceptaban el que México jugara el papel de lugarteniente de EUA en la región, incluso como su «intermediario». Era México el encargado de seguir en relación con la Cuba «socialista», de tratar de mediar en los conflictos en Centroamérica y de conducir los intereses globales de los EUA en América Latina en general. Terminada la guerra fría y una vez disparados los intereses de las burguesías de la región más el acoso de los europeos y asiáticos, ese papel de México es ya cuestionado abiertamente por sus congéneres de la región. No es una cuestión ligada al PAN en el poder, no es tampoco producto del «folklórico» estilo de Fox, se trata de una expresión abierta de la agudización de las tensiones que hoy corroe todas las regiones del planeta.


«III Cumbre de los Pueblos», un engaño más contra el proletariado

Grupos de la izquierda del capital, altermundistas y trotskistas, principalmente, han empezado a organizar una «cumbre paralela», la denominan «Cumbre de los pueblos» como una versión «latinoamericana» de los foros mundiales. Esas «cumbres de los pueblos» se presentan como expresiones «revolucionarias», como la «verdadera voz de los oprimidos». Es revelador que el orador principal de esta «Cumbre de los pueblos» fue nada menos que Hugo Chávez el cual es presentado como mandatario de un «gobierno revolucionario»[1].

En esa «Cumbre de los pueblos» no se cocina un programa para la lucha de los explotados sino una vieja receta burguesa que es presentada como «esperanza» de la clase trabajadora. Según los organizadores en la «Cumbre de los pueblos» se «perfilaba la base social, organizativa y programática de un frente único anti­imperialista»[2]. La clase obrera nada tiene que ganar en los «frentes», al contrario, la política del frentismo es la disolución de la clase obrera en una masa interclasista definida como «sociedad civil» unida bajo no importa que bandera. Cuando decimos disolución del proletariado hay que agregar que ello incluye la disolución de sus intereses, es decir, el abandono del programa de la revolución comunista mundial. El frentismo interclasista tiene ya un nefasto saldo para la clase obrera, baste recordar que fue bajo el esquema en su forma de «Frente único» que la III internacional terminó por abrir completamente las puertas a la contrarrevolución. La clase obrera no se puede diluir en un «frente amplio», debe sin embargo ser capaz de atraer a su programa a todos los explotados y oprimidos del planeta. El rechazo al frentismo no debe entenderse como sectarismo, sino como la lucha por la independencia política del programa del proletariado, independencia que debe convertirse en faro para el resto de las masas oprimidas y marginadas por el capitalismo.

Existe otro aspecto que se pregona por el izquierdismo: la «Cumbre de los pueblos» es algo «positivo», por ser «un frente antiimperialista que amplificaba más allá de toda previsión la derrota estratégica que sufrió el imperialismo en la persona de George Bush»[3]. Hay que reafirmar, como decíamos arriba, que con el ALCA o con el MERCOSUR, la suerte de los explotados seguirá siendo la misma, así que introducir la idea de que la negativa al ALCA significaría una cierta «victoria» para los pobres de Latinoamérica es un engaño cruel y ata al proletariado a defender a las burguesías agrupadas en el otro bando (el del MERCOSUR). Además, en un hipotético caso de una «derrota» de un imperialismo, no significa automáticamente una victoria para el proletariado. Lo que demuestra la historia es que cuando un país imperialista es derrotado se debe a que otro tiburón igualmente imperialista le ha comido el mandado, sin que ello signifique un paso adelante hacia la liberación final de la humanidad (ahí está Angola, Corea, Vietnam, Medio Oriente, Afganistán, etc. como pruebas macabras de esta afirmación).

En ese sentido, la clase trabajadora no puede tomar partido por la liberalización comercial o por la defensa de acuerdos comerciales «justos» y democráticos, si antes la liberalización comercial ayudó al desarrollo del capitalismo, al extenderse el capitalismo por todo el mundo y abrir su fase de decadencia, cualquier política que lleve a cabo la burguesía (proteccionista o liberalista) no hace sino agudizar aún más la miseria de los asalariados, ya Marx denunciaba claramente la estrecha visión que pretende ocultar que el causante de los males de la humanidad están en la existencia del capitalismo, y no sólo en el tipo de política aplicada, de manera que dice al reseñar los debates de la burguesía inglesa: «Según los whigs <liberales>, la fuente principal del pauperismo hay que buscarla en... las leyes prohibitivas contra la importación del trigo. Según los tories <conservadores>, todo está mal en el liberalismo, en la competencia...» (Glosas críticas al artículo «El rey de Prusia y la reforma social por un prusiano», 1844). Así pues, ante las campañas promotoras del ALCA (como la llevada por Fox) o las que lloriquean justicia comercial, la clase trabajadora debe rechazarlas y reflexionar que no tienen ningún interés que lo una con la clase que lo explota, no puede esperar que alguna política de la burguesía mejora su condición de vida... su único camino esta en la preparación de la Revolución Comunista Mundial, con la que ponga fin a este espantoso reino de la necesidad.


DAN-Tatlin / diciembre de 2005



[1]Ver en RM 89 el artículo sobre el «socialismo de Chávez»

[2]«Teoría y práctica del frente único antiimperialista», Revista Crítica de Nuestro Tiempo, No. 32, Buenos Aires, Argentina oct-05 a abril 2006.

[3]ídem.